jueves, 4 de febrero de 2010

El Ipad, el declive del papel y la Prensa del futuro


Hace poco más de una semana que se dio a conocer y ya ha logrado lo que muchos no consiguen, muy a su pesar, a lo largo de toda una vida: ocupar las portadas de los periódicos de medio mundo. Me refiero, como ya habrán imaginado, al Ipad, el artefacto de Apple que ha despertado tantas expectativas -y que tantas críticas ha recibido también- y que, para muchos, se ha de convertir en el soporte ideal de los periódicos del futuro. ¿Puede el Ipad, o cualquier otro aparato similar, incluidos los libros electrónicos, llegar a ser el papel del siglo XXI?

Cabe decir, en primer lugar, lo que ya hemos sostenido en este mismo espaco en muchas ocasiones, y es que el periódico impreso no desaparecerá nunca -o no al menos en las próximas décadas- y nadie lo sustituirá, igual que el cine no hizo desaparecer al teatro, ni la televisión a la radio ni Internet al resto de soportes. Sin embargo, sí que es cierto que los dispositivos electrónicos se impondrán en cantidad. Es decir, que veremos a mucha más gente leyendo su diario o su revista favorito en un Ipad o un Kindle que en papel, del mismo modo que cada vez más personas se informan a través de Internet. Eso es al menos lo que piensa el economista jefe de Google, Hal Varian, que durante una intervención en la Universidad de California, aseguró ante los alumnos de periodismo de Berkeley que el Ipad podría ser un gran aliado de las editoriales, “capac de ayudarlas a crecer”.
Por que, por mucho que creamos que ha cambiado el mundo desde la aparición de la red, la telefonía móvil y la tecnología sin hilos, la revolución no ha hecho más que comenzar y nuestros ojos deben acostumbrarse a un cambio radical, aunque paulatino, del que sólo seremos conscientes cuando echemos la vista atrás.
¿Qué quiere esto decir? Pues que si ahora ya es posible conectarse a internet desde casi cualquier lugar, aunque a velocidades aún no muy rápidas, a no mucho tardar la cobertura será total, la conexión a la red será en cuestión de unos pocos segundos y la descarga de documentos, libros, periódicos o música será casi automática. Del mismo modo, nos tenemos que ir acostumbrando a conceptos como “cloud computing” -el uso de programas o servicios alojados en servidores remotos y no en nuestro equipo- o el “streaming” -ver vídeos o escuchar audios sin necesidad de descargarlos-, algo que ya hacemos habitualmente a través de YouTube, por ejemplo. El mundo es virtual -con lo que tiene de malo y de bueno- y eso ya no tiene marcha atrás. Cada vez tendremos acceso a más información, pero almacenaremos mucho menos que ahora.
Esto puede suponer que para leer el periódico no necesitemos ir al quiosco; de hecho, ni siquiera tendríamos por qué conectarnos a la red. Bastaría, por ejemplo, con pasar junto a un punto de venta y, vía bluetooth o wi-fi, hacernos con el ejemplar del día, no en su edición online, sino tal cual sería impreso en papel. Bastaría una clave, entregada previo pago de una suscripción, para acceder al diario. Y esto no es ciencia ficción. Esto, de ponerse los medios técnicos, sería viable ya.
Evidentemente, las cosas no irán tan deprisa, pues hay muchos intereses creados, pero no es más que una muestra de hacia dónde nos lleva el futuro. Y muchos de los que ahora reniegan de estos “artefactos” sucumbirán, con sumo placer la mayoría, a estos soportes electrónicos. Y los que no, es que quizás sean demasiado viejos para aceptar los cambios.

sábado, 30 de enero de 2010

¿Contenidos de pago en la Prensa digital? Sí, por supuesto

A los medios les cuesta dinero generar contenidos y es lógico que quieran cobrar por ellos

El debate está ahí. No en la calle, claro está, pero sí en el sector de la comunicación. ¿Hay que cobrar por los contenidos en Internet? En un principio, muchos lo intentaron y pocos lo consiguieron. Después, tras ese primer paso fracasado, todos los medios optaron por el gratis total a excepción de determinados contenidos, como los artículos de opinión –aunque sin mucho éxito-. Ahora, con el drástico descenso de los ingresos publicitarios y la lenta caída en la venta de ejemplares de la Prensa, otra vez se vislumbra el cobro por el acceso a las ediciones digitales de los diarios como fuente alternativa de ingresos.
“The New York Times” ya ha anunciado que empezará a exigir un pago para determinados contenidos a partir de 2011, algo que ya hace desde hace años “The Wall Street Journal”. Pero el dilema está ahí, pues son muchos los medios que estudian si tomar la decisión o no, como es el caso del diario británico “The Guardian”, que, a través de un blog, ha decidido preguntar a sus lectores qué opinión les merecería establecer el cobro y por qué secciones o temas estarían dispuestos a pagar. Estos son sólo un par de ejemplos, pero muestran muy claramente que la cuestión está en el ambiente y que se ha pasado en apenas unos meses de ser un tema tabú a plantearse como un opción a tener en cuenta, aunque no exenta de riesgos.
Lo que está claro, es que todos los medios de Internet –tanto las ediciones online de los periódicos en papel- como las publicaciones sólo digitales desearían cobrar, luego el debate no es si sí o si no, sino cómo hacerlo. La solución, a priori, podría parecer sencilla: un gran acuerdo para que se fijase, de forma generalizada, un cobro por unos contenidos a determinar, de modo que nadie pudiese aprovecharse de la situación. Sin embargo, es harto difícil que se llegue a un pacto de esas características, habida cuenta de que siempre habrá tiburones ansiosos de pescar en aguas revueltas.
De todos modos, en ningún caso la cuestión que se plantea es cobrar por acceder a la web de un medio, sino que se trataría de pagar sólo por determinados contenidos “premium” o de valor añadido. Lo que está claro es que cualquier contenido que suponga un desembolso de dinero debe ser lo suficientemente bueno como para satisfacer al usuario pues, de lo contrario, no sólo dejaría de usar este servicio, sino que, quizás, se sintiera engañado y se pasase a otro medio.
En cuanto al modo de cobro, las opciones que se barajan van desde un pago mensual o anual, que permita, por así decirlo, “barra libre” para cualquier contenido “premium”, hasta el cobro puntual por acceder a un servicio concreto. Lo ideal para los medios sería la primera opción, es decir, un prepago periódico y renovable pues, no sólo aseguraría ingresos fijos –al igual que los suscriptores en las ediciones impresas-, sino que, de cara a la obtención de ingresos publicitarios, sería un argumento importante de venta contar con un número elevado de este tipo de lectores.
Por todo ello, cobra especial relevancia el trabajo de los departamentos comerciales y de marketing de los medios a la hora de ofrecer atractivas ofertas para que los internautas se “abonen” a estos servicios de pago, pues hay que contar con las reticencias iniciales de la gran mayoría de los usuarios, poco proclives a pagar por algo que, durante mucho tiempo, han tenido gratis.
Pero una medida de este tipo, no por impopular deja de ser necesaria. Al fin y al cabo, los medios pagan a sus trabajadores por elaborar los contenidos de modo que es lógico que quieran obtener algo a cambio. Basta ver la situación en que se encuentran la mayoría de los diarios gratuitos de nuestro país –con el caso límite del cierre de “Metro”- para demostrar que depender exclusivamente de la publicidad es demasiado peligroso y hacen falta otras alternativas.

Google, ni contigo ni sin ti

La guerra entre Google News y los medios está servida

Para bien o para mal, Google se ha convertido en un actor protagonista en el panorama de los medios de comunicación, y no sólo de los digitales, sino también de las publicaciones en papel. Sus responsables han apostado por la información como una de sus valores principales y, desde su nacimiento, han ido añadiendo herramientas y utilidades en esa dirección.
Una de las iniciativas más interesantes puestas ya en marcha –aparte de Google News-, es Fast Flip, algo así como una revista de prensa en la que el internauta ve una selección de artículos de casi un centenar de publicaciones estadounidenses –arrancó en octubre en aquel país con sólo 36-, entre las que están algunas de las más importantes, como “The New York Times”, “The Washington Post”, BBC News, “Boston Globe”, “Miami Herald” o “Esquire”. A través de la web http://fastflip.googlelabs.com/, es posible navegar por entre las noticias –viéndolas tal cual aparecen en la edición digital de cada una- y con la posibilidad de ir directamente a éstas con sólo pinchar. Además, admite todo tipo de criterios de búsqueda. De momento sólo está en inglés y con medios de Estados Unidos, aunque es accesible desde todo el mundo.
Muy distinto es el caso del ominipresente y todopoderoso Google News, herramienta marcada por la polémica y, al mismo tiempo, por el éxito. Utilizada para informarse por más internautas que las web de cualquier canal de televisión o publicación impresa, su uso sigue levantando ampollas entre los medios que generan las noticias que luego la compañía californiana añade a su programa.
Fruto de estas tensiones fue la intención del magnate de la comunicación Rupert Murdoch -propietario de la cadena Fox o “The Wall Street Journal”, entre otros- de sacar sus noticias del indexador estadounidense. Aunque la sangre no llegó finalmente al río, el rifirrafe sirvió para sacar a relucir el verdadero problema de fondo: el reparto de los ingresos generados por la publicidad que Google añade a los resultados de las búsquedas de noticias de los internautas. Es decir, la empresa informática hace negocio con las noticias elaboradas por los medios, que no reciben nada a cambio.
Esta situación ha provocado que la guerra haya estallado definitivamente y, además, en varios frentes: así, desde el 23 de diciembre, las noticias de Associated Press elaboradas con posterioridad a esta fecha no están disponibles en Google News tras no prosperar las negociaciones que ambas empresas tenían para renovar un acuerdo firmado en 2007; paralelamente, esta semana se ha sabido que los editores alemanes han presentado una denuncia contra el buscador ante la Oficina Federal Alemana Antimonopolio por no pagar derechos por los resultados de las búsquedas.
Y esto no es más que el principio pues, de triunfar esta denuncia, puede que cunda el ejemplo en otros países, con lo que a la empresa con sede en Mountain View se le puede ir de las manos la situación y empezar a tener problemas. ¿Supondrá esto una amenaza real para Google? No para su estabilidad económica, pero no cabe duda de que quizás se debería sentar a negociar con los proveedores de noticias el reparto de los más de 1.000 millones que la compañía ingresa con la publicidad que acompaña a la búsqueda de informaciones.

Hacia dónde va la Prensa

Copenhague albergará, los próximos días 4 y 5 de marzo, la vigésima edición de la Conferencia Mundial sobre la Publicidad en los Periódicos, organizada por la World Association of Newspaper (WAN), organización global mundial de periódicos y editores de noticias que representa a más de 18.000 publicaciones en más de 120 países. Si un evento de este tipo siempre es interesante, en la coyuntura económica mundial actual es de vital importancia para tratar de vislumbrar una luz al final del túnel que atraviesa la Prensa durante los últimos años.
El objetivo principal de esta conferencia es saber qué quieren los anunciantes de las publicaciones, ya sean en papel o digitales, qué esperan de los medios. El mercado ha cambiado tanto en los últimos años con las nuevas tecnologías que los esquemas que hasta hace bien poco eran válidos ahora han quedado obsoletos. Ya no basta con presentar datos de ventas o de difusión. En un futuro próximo, las tarifas publicitarias se basarán en gran medida en el comportamiento de los usuarios, cuyo seguimiento es mucho más fácil en la web, según Matthew Dodd, destacado experto en el análisis y la investigación de los medios digitales, y que estará presente como ponente en la conferencia de Copenhague.
Cómo generar ingresos publicitarios a través de contenido hiperlocal atrayendo al pequeño anunciante; la adaptación de los contenidos; cómo salir de la crisis utilizando contenido publicitario generado por los propios usuarios, con el ejemplo del diario alemán “Bild”, que ha creado un portal de publicidad en bild.de, donde los propios lectores pueden insertar, gestionar y pagar por sus anuncios; ¿cómo tendría que ser un equipo directivo y comercial de un periódico para cumplir su misión presente y adelantarse a las oportunidades futuras?... son sólo algunos de los temas que se abordarán en esta conferencia. Igualmente, y como colofón al programa, WAN ofrecerá un Informe Especial sobre las mejores prácticas de sus 18.000 periódicos miembros con una presentación exclusiva de “The Virtual-World's Best Advertising Department”, con el objetivo de dar a conocer a todos los asistentes cuáles de las acciones puestas en marcha por sus miembros han funcionado mejor, con el objetivo de que sirvan de ejemplo para el resto.
Y es que no hay que olvidar que la Prensa atraviesa, en todo el mundo, un periodo de profundos cambios cuyos resultados están aún por ver, pero que dejarán un panorama muy distinto al actual, tanto en la forma como en el fondo. Algunos expertos sí se aventuran, si no a vislumbrar el futuro, sí al menos a proponer fórmulas para sobrevivir. Es el caso de Mark Mulligan, vicepresidente de la compañía de investigación de mercados Forrester, que, según se ha hecho eco la web www.marketingdirecto.com, plantea un modelo de salvación de la Prensa tradicional, basado en tres pilares básicos: contenidos gratuitos, contenidos patrocinados y contenidos digitales. Además, explica el consultor, “hay que adaptar los medios tradicionales al comportamiento de los lectores más allá de trasladar su modelo de negocio al online. Limitarse a cobrar por el contenido sólo hará que los lectores se vayan al siguiente medio que les aparezca con contenidos gratuitos".
Al fin y al cabo, hay lectores que se asoman a los contenidos sólo si son gratuitos. Este perfil de lector “por la cara” no ha supuesto una merma importante en la venta de ejemplares de diarios, pues no era habitualmente comprador de Prensa. Sin embargo, al que sí que hay que atraer es a aquel que es comprador y que sí estaría dispuesto a pagar si le ofrecemos contenidos “premium” o, como ya hemos denominado en esta columna en varias ocasiones, de “valor añadido”.

jueves, 10 de diciembre de 2009

El linchamiento mediático de Diego P. o la falta de rigor informativo

Diego P. se ha convertido, sin desearlo, en una herida abierta en el alma del periodismo, en un estigma, en una úlcera sangrante en la escasa credibilidad que nos quedaba como colectivo. Más allá de las responsabilidades de los médicos y de quien filtrará el informe, este caso no hace sino poner en evidencia la escasa profesionalidad de la mayor parte de los medios de comunicación a la hora de abordar determinado tipo de noticias.

En más de una ocasión hemos abordado en esta misma columna que uno de los pilares fundamentales que deberían primar a la hora de elaborar cualquier tipo de información, la confirmación de los datos, es una práctica que, no me atreveré a decir que se esté perdiendo, pero sí que no se hace tantas veces como sería necesario. ¿Por qué? Pues lo fácil sería cargar toda la responsabilidad en los propios redactores que elaboran las noticias. En estos días, se ha llegado a oír que la culpa de lo sucedido es de la precariedad laboral y de la inexperiencia de los periodistas, pero, en realidad, estamos ante un problema de mucho mayor calado: el periodismo ha cambiado tanto en el fondo como en la forma y la rapidez se ha convertido en la regla de oro, por encima del rigor. Internet ha irrumpido en la profesión como un elefante en una cacharrería y se ha llevado todo por delante. Lo importante, hoy en día, es ser el primero: “colgar” las informaciones en la red antes que nadie, dar la exclusiva antes que los demás, buscar el titular más llamativo, más “amarillo” para vender más ejemplares. Contrastar es un verbo que apenas se conjuga ya en las redacciones.

El todo vale se ha establecido como consigna. Todo está permitido. Es la filosofía de disparar antes y preguntar después, del más vale publicar primero y rectificar después que no informar por no haber confirmado una noticia. La noticia de Diego P. era, a priori, demasiado atractiva como para estropearla con presunciones de inocencia. Tenía todos los ingredientes para gustar a los lectores, por lo que nadie decidió darle una oportunidad al supuesto culpable. Pero no era suficiente con dar la noticia, no. Al día siguiente vino la crucifixión, el linchamiento mediático. Los tertulianos y columnistas se cebaron con él –monstruo fue lo más suave que le llamaron- y ahora todo son disculpas, reflexiones sobre la concatenación de errores que llevaron a la confusión, buscar culpables entre los médicos... pero el daño está hecho.

Y es que, cuando lanzamos al aire una noticia de este tipo, no nos damos cuenta de que provocamos una cadena de reacciones imprevisibles y peligrosas, que difícilmente puede contener días después una pequeña rectificación en algún rincón del periódico. Al fin y al cabo, por mucho que ahora nos rasguemos las vestiduras, el nombre de Diego P. ha quedado manchado para siempre. Nunca nadie le volverá a mirar igual. El daño psicológico causado tardará en desaparecer, si alguna vez lo hace. Probablemente, tendrá que cambiar de lugar de residencia para tratar de sumergirse de nuevo en el anonimato y huir de las miradas de lástima o de sospecha que le acompañarán durante muchos años. Quién sabe si podrá seguir conviviendo junto a su pareja con esa losa sobre la cabeza de ambos.

Pero Diego P. es sólo una muesca más en la larga lista de víctimas de la falta de rigor; no es más que otro daño colateral del todo vale para vender más. ¿A que ya nadie se acuerda de Miguel A.M.D., “culpable” durante unas horas de matar a su pareja y al bebé de ésta y quemar la casa después para encubrir el crimen el pasado mes de agosto en Madrid? Hasta que el hijo mayor de la fallecida, con problemas mentales, confesó el crimen, Miguel fue “juzgado” por sus vecinos y culpado por los medios. Es sólo otro ejemplo más, pero son tantos.

Por cierto, ¿tenemos tan pocos miramientos, tan poca profesionalidad, cuando hablamos de terroristas? Porque ahí sí que tenemos cuidado en anteponer siempre la presunción de inocencia.

¿Quién dijo jugar?

Las consolas de última generación no están concebidas sólo como un artilugio para jugar, sino como auténticos centros de ocio, o media center, desde los que ver vídeos y fotografías, escuchar música, descargar o alquilar películas, tener televisión a la carta o navegar por Internet. Todo lo necesario para que, junto a las televisiones de LCD, se conviertan de nuevo en el centro de la casa.

Reconozco que entró en casa sin el beneplácito de toda la familia. Era mi invitada y tuve que vencer no pocas reticencias para que se quedara a vivir con nosotros, en el salón. Han pasado algo más de dos años desde que está entre nosotros y, si bien no diré que hay quien la sigue mirando todavía con no muy buenos ojos, sí que puedo afirmar que se ha hecho un hueco entre nosotros y que su buena disposición para adaptarse a las circunstancias ha hecho que, al final, todos hayamos hecho buenas migas con ella, especialmente la televisión; tanto es así, que se han hecho inseparables y no pueden vivir la una sin la otra. Su nombre es Play Station 3 o PS3, pero en casa todos la conocemos como “la Play”.

Y es que llegó sólo para jugar y poco a poco se ha convertido en el centro de ocio de la casa, o media center, como prefieren algunos fabricantes denominar a este tipo de dispositivos capaces de reproducir música y vídeo, mostrar fotografías, almacenar películas, navegar por Internet a través de la pantalla del televisor… Las marcas llevan tiempo luchando por hacerse con este disputado trono, especialmente Microsoft a través de su Windows Media Center, una aplicación pensada para funcionar de forma autónoma en el ordenador o conectando éste a la televisión. Existen otras muchas aplicaciones con el mismo objetivo, ya sea sobre Windows o sobre Lynux, pero todas ellas trabajando sobre el ordenador.

Sin embargo, las consolas, sobre todo PS3 y Xbox, aunque también la Wii con sus canales de noticias o del tiempo, han logrado hacerse un importante hueco en este segmento: para empezar, son reproductores de DVD –en el caso de la PS3, también de Blu Ray- y CD, siendo capaces también de leer dispositivos externos como un pen drive o conectarse a una impresora. Además, sus discos duros permiten almacenar música, películas, fotografías y vídeos, así como reproducirlos gracias, en muchos casos, a aplicaciones que incorporan y que incluyen la posibilidad de crear listas de canciones favoritas, montajes con fotografías… Pero su principal virtud es su conexión a Internet, ya sea por cable, ya vía wifi. De este modo, podemos navegar desde la pantalla del televisor, visitando cualquier página web, leyendo nuestro periódico favorito, conectándonos a redes sociales o haciendo lo mismo que haríamos en nuestro ordenador. Pero ahí no queda la cosa. La conexión nos da también la opción de jugar en red, de descargarnos contenidos, ya sean gratuitos o de pago, y, también, utilizar el servicio de videoclub, por el que es posible alquiler o comprar películas de entre una gran oferta de títulos, “bajándolos” al disco duro de la consola o viéndolas en “streaming”.

Por si todo esto fuera poco, PS3 incorpora desde hace algunas semanas otra opción más: gracias a acuerdos con RTVE, Antena 3 Televisión y la Sexta, a través de la consola podemos ver los principales contenidos de estas cadenas, especialmente series, aunque también los espacios informativos y otros programas. Cabe pensar, por tanto, que en un futuro estos acuerdos alcancen al resto de cadenas.

A todo esto se unen otras muchas aplicaciones que han ido incorporando –por ejemplo, VidZone, una especie de Youtube para ver vídeos musicales desde la PS3-; potentes comunidades virtuales –Play Station Network en el caso de la consola de Sony y Xbox Live en la de Microsoft-; canales de noticias, de viajes o meteorológicos…

¿Qué quiere decir esto? Pues que el televisor y la informática no sólo no tienen por qué estar reñidos, sino que juntos forman una pareja mucho más potente que cada uno de estos soportes por separado y son la puerta a la televisión a la carta, a la información 24 horas a través de la pequeña pantalla. Y todo, sin salir del salón. Y que conste, que no hemos hablado de jugar, que es para lo que fueron inicialmente pensadas.

miércoles, 9 de diciembre de 2009

El futuro es digital

Si un mercado soporta la crisis y tiene todas las papeletas de salir fortalecido es el de los contenidos digitales, entendiendo como tal todo aquél que se transmite o consume en soportes digitales tales como CDs, DVDs, mp3, discos duros o a través de medios digitales como Internet, televisión digital, televisión de pago, consolas y móviles. Esto engloba la televisión, el cine, la música, el ocio digital interactivo, la animación, la educación, la producción audiovisual, las publicaciones digitares, la educación, los contenidos generados por los usuario, las redes sociales, la publicidad interactiva... En definitiva, un sector que el pasado año 2008 facturó casi 5.000 millones de euros en nuestro país y cuya expansión es imparable, pues afecta cada día a más campos y a más soportes.

Así, según el Informe Anual de los Contenidos Digitales en España, elaborado por el Observatorio Nacional de las Telecomunicaciones y de la Sociedad de la Información (ONTSI), en 2009 las películas y las series se han convertido en el contenido digital más consumido por parte de los usuarios, el 53,6% de los españoles -6,8 puntos más que en 2008-. El 49,4% de los españoles tienen como uso más frecuente el visionado a través de la TDT y a través de medios on-line en tiempo real (streaming). Precisamente es este sistema, el streaming, el formato de consumo que ha experimentado un mayor crecimiento en cuanto al acceso a música se refiere -sin necesidad de tener el contenido descargado previamente o en soporte físico- con un 6,1% frente un 1,1% del 2008, gracias sobre todo a programas como Spotify, que ya cuenta con un millón de usuarios sólo en España y siete millones en el total de los seis países europeos en los que opera.

Durante 2009, el porcentaje de población española que ha consumido contenidos digitales ha aumentado en 5,9 puntos porcentuales respecto a 2008, lo que supone que, actualmente, el 70,3% de la población lee, ve o escucha algún tipo de contenido digital. Esta circunstancia se debe fundamentalmente a la extensión y al aumento de la banda ancha en Internet así como a la progresiva implantación de la TDT.

Sin embargo, este porcentaje tan amplío varía bastante en función de la edad de la población. Según el informe, son los más jóvenes (de 15 a 34 años) los principales consumidores de contenidos digitales. Este grupo de edad utiliza principalmente videojuegos, cómics digitales, iconos y salvapantallas, videos cortos, audio libros, tonos y politonos y radio on-line, mientras que los documentales, los programas de TV, las películas y series y los libros digitales son consumidos en mayor proporción por los usuarios de más de 55 años. Destaca también el hecho de que entre los niños de 7 a 14 años, los contenidos digitales que más se consumen son películas y series (69,9% de los consumidores digitales de esta edad), seguido de videojuegos (68,7%) y música (68,3%).

En cualquier caso, sigue habiendo todavía un 29,7% de españoles no consumen este tipo de productos, aunque este porcentaje descidende 5,9 puntos porcentuales respecto al año anterior, siendo principalmente personas de 65 o más años (el 40,9%) y en mayor porcentaje hombres que mujeres (54,3% vs. 45,8%), los no usuarios.

En lo que se refiere al consumo de prensa digital, es decir, periódicos on-line, su consumo se incrementó en 2008 un 24% respecto al año anterior, alcanzando los 6,4 millones de lectores, lo que representa ya el 47,5% de los lectores de prensa tradicional, 10 puntos más que en 2007.