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domingo, 16 de enero de 2011

O periodismo o ciudadano

Reconozco abiertamente que no sé cómo jerarquizar en mi cabeza el denominado periodismo ciudadano. Por un lado, no puedo negar su interés, su oportunidad, su frescura y, si me apuran, su valor informativo. Sin embargo, me cuesta considerarlo Periodismo, al menos tal y como yo entiendo esta profesión.
Entiendo que hay para quien el único requisito que debe cumplir un periodista es escribir en un medio de comunicación, pero para mí ser periodista es mucho más. Más allá del debate sobre si hay que estudiar Periodismo para ejercer o no, creo que esta profesión sí que requiere unas normas y unas exigencias.
Quiero decir con ello que me parece muy loable que un señor con su cámara de fotos pase por un lugar en el que en ese momento se está produciendo una carga policial, un accidente de tráfico o una agresión y logre una instantánea fantástica y que la envíe a un medio contando lo que ha ocurrido. Pero eso no es periodismo. Al final, siempre deberá haber un profesional que calibre la importancia de esa noticia, que la valore en su justo medida, que contraste la información que se le ha hecho llegar, que trate de aportar más datos... que ofrezca, en definitiva, ese valor añadido que sólo un profesional le puede dar. Porque cualquier noticia, cualquier información, no es ajena a un contexto, a una categorización. Las informaciones son importantes o no en función del resto de cosas que hayan ocurrido, en función de su carácter extraordinario o de otros factores.
Por este motivo, dejar el Periodismo, con mayúsculas, en manos de los ciudadanos es como darle una porra y una pístola al primero que pase y darle poderes policiales. Sin duda, la mayoría tratará de hacer Justicia, pero la suya. Así, a cada ciudadano su foto, su noticia, le parecerá la más importante. En el momento en el que haya un profesional que filtra y que decida si es importante o no, si es digna de ser publicada o no, ya no estaremos hablando de ciudadano, y si el ciudadano la publica por su cuenta y riesgo en un blog o en algún medio "sin control", dejará de ser periodismo.
Considero que ser testigo, supervisar, monitorizar, dejar constancia, recoger datos, inspeccionar... es otra cosa. ¿Acaso es Periodismo el trabajo de los observadores internacionales en unos comicios, de los mediadores en conflictos, de los agentes censales que recogen datos, de los inspectores que vigilan el cumplimiento de las leyes? Tampoco creo que lo sea -aunque insisto en que no minusvaloro en absoluto su valor documental- lo que escribe un individuo en su Twitter contando lo que ocurre a su alrededor, por apasionante o peligroso que esto sea. Relatar no es lo mismo que hacer periodismo.
Por tanto, creo salvo honrosas excepciones, es difícil considerar como periodismo lo que no deja de ser estar en el lugar oportuno en el momento oportuno, lo cual no quiere decir que el producto de esa "casualidad" deje de tener valor o no deba ser publicado. Pero Periodismo es otra cosa, no sé si mejor o peor, pero otra cosa.

jueves, 13 de mayo de 2010

Los periodistas somos intermediarios del mensaje, no manipuladores

¿Y si el debate no fuera papel o digital, gratuito o de pago, redacciones integradas o separadas... sino periodista con o sin calidad?, ¿y si el debate no fuese la forma, es decir, el continente, sino el fondo, es decir, el contenido?, ¿y si el futuro del periodismo no pasase tanto por el modo en que el mensaje llega, sino por el modo en que creamos ese mensaje?

Nos devanamos los sesos tratando de averiguar cuánta vida le queda al papel o a la radio y a la televisión, tal y como la conocemos hoy en día, y nos olvidamos, con demasiada frecuencia, qué papel jugamos los periodistas en la nueva sociedad, qué rol desempeñamos en un mundo en el que hay sobreabundancia de información, en el que manda la inmediatez, en el que las imágenes y el sonido de lo que está ocurriendo se pueden seguir en directo, en el que cualquier ciudadano con una cámara se convierte en testigo de lo qué pasa y lo puede hacer llegar al mundo al instante a través de Internet.

¿Somos necesarios los periodistas en la sociedad de la información? Para bien o para mal, la respuesta no está clara. Hay quien asegura que más que nunca, que somos los únicos garantes de un periodismo de calidad, el último filtro que le queda al lector para separar la paja del grano, un tamiz capaz de discernir, de explicar, de poner orden, de interpretar, de dar un valor añadido al hecho en sí mismo.

Pero, ¿y si el periodista no hace esa labor, bien por que no quiere, porque no sabe o porque no le dejan? Decía la pasada semana José María Martín Patiño, sacerdote y presidente de la Fundación Encuentro, en un artículo publicado en “El País”, que “muchos experimentamos con tristeza que la opinión pública que nos transmiten en general los periodistas españoles es muy diferente según el periódico que caiga en tus manos. No exagero si digo que parecen hablar de mundos distintos. No faltan quienes ya han dejado de tomarse en serio lo que dicen unos u otros. ¿Por dónde anda el sentido de la verdad? ¿O es que esto de la veracidad ha pasado a segunda fila?”.

Estamos de acuerdo en que no existe la imparcialidad ni la objetividad, pero los medios de comunicación se convierten cada vez más en bloques monolíticos que apuntan en una única dirección. El margen que queda para la verdad es demasiado estrecho y eso el ciudadano lo nota y, aunque comulgue con las filias y fobias del medio, se puede sentir engañado. No debemos confundir el análisis y la interpretación con la manipulación.

A este respecto, Pascual Serrano, periodista de “Le Monde Diplomatique”, aseguraba recientemente en su blog que “la ciudadanía se indigna ante cualquier intento de dirigismo político e ideológico. Sabedores de eso, la estrategia actual de los medios es disimular a toda costa la intencionalidad para que pase inadvertida a las audiencias y pueda ser efectiva. El objetivo es proporcionar (u ocultar) al lector, oyente o espectador determinados elementos de contexto, antecedentes, silenciamientos o métodos discursivos para que llegue a una conclusión y posición ideológica determinadas, pero con la percepción de que es el resultado de su capacidad deductiva y no del dirigismo”.

Por todo ello, me vienen a la cabeza las palabras pronunciadas hace unos días por Juan Luis Cebrián durante la entrega de los premios Ortega y Gasset: “Los periodistas somos tan sólo intermediarios. Como dice Eugenio Scalfari, gente que cuenta a la gente lo que le pasa a la gente. Qué pueda significar eso en un mundo en el que la propia idea de mediación desaparece, en el que el narrador es a la vez protagonista y primer oidor de los hechos que narra, es algo que todavía, como dicen los castizos, está por ver. Pero, mientras llega ese momento, el periodismo tiene que volver a sus fuentes: verificar la información y contar la verdad”. Pues eso.