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lunes, 3 de enero de 2011

Piratería, picaresca, Ley Sinde o ¿de qué coño vive un creador si nadie paga por su trabajo?

Asisto asombrado estos días, aunque es un debate que viene de años atrás, a la polémica sobre la "Ley Sinde" y la batalla entre los partidarios de la mano dura contra los piratas y los defensores del "todo gratis". Y reconozco, no sin miedo a ser descalificado, que soy de los que están a favor de las sanciones, de los que defienden que los creadores deben cobrar por su trabajo y de los que creen que la piratería no nos lleva más que a un empobrecimiento cultural.
Pero una de las cosas que más me sorprende es el gran número de periodistas que se manifiestan en contra de la "Ley Sinde" y que abogan poco menos que por el todo vale. Sé que en este tema cualquier postura maximalista es mala y que el descargarse una película o un disco de vez en cuando no hace daño a nadie. Pero esos de vez en cuando, multiplicados por cientos de miles o millones, son los que hacen que el negocio de la cultura se venga abajo.
Porque en el fondo, lo que me molesta es que los "piratas", por simplificar la denominación, no tienen más argumentos que el hecho de que es mejor no pagar que pagar. Así de sencillo. Y eso se puede disfrazar de filosofía, se puede adornar con frases "antisistema", se puede decorar con grandilocuentes sentencias contra las grandes discográficas, Hollywood o quien sea. Pero, de verdad de verdad, lo único que quieren es disfrutar gratis del trabajo creativo de otras personas, en lugar de pagar por ello.
En realidad se piratea igual que se aparca en doble fila o encima de la acera, es decir, porque es más cómodo eso que buscar un sitio para aparcar "legalmente", aunque puteemos a otra persona o impidamos el paso a los peatones. "Si es sólo un momentito" suelen decir. No nos engañemos, se trata de una filosofía de vida: si a mi me va bien, a los demás que les zurzan.
Vamos a ver. Si nadie va al cine a ver una película, nadie paga por un disco o por un DVD, nadie compra un libro o todo el mundo lee el periódico por Internet, ¿cómo se sustenta el negocio? A mí, que me lo expliquen. ¿De qué coño vive un creador si nadie paga por su trabajo? Si a mi periódico nadie le paga por leer mis artículos, ¿por qué habría de pagarme? Yo no puedo ir leyendo mis informaciones a domicilio a cambio de la voluntad. Mi única forma de ganarme la vida es que alguien esté dispuesto a pagar por mi creación. Así de sencillo.
Que todo es mejorable, por supuesto. Que el canon digital es un robo, pues seguramente. Pero que hemos convertido la piratería en algo cotidiano, también. Que la gente se baja más películas de las que nunca podrá ver, también. Que no estamos dispuestos a pagar ni unos céntimos por una canción si hay un modo de conseguirla gratis, también.
Esto tiene un nombre: más que piratería, yo le llamaría picaresca, la típica picaresca española. Somos un país de irresponsables, de cortoplacistas, de darnos igual las consecuencias de nuestros actos siempre que satisfagamos nuestros deseos.
Y lo peor es que estamos creando una generación acostumbrada al todo gratis, aunque, eso sí, dispuesta a pagar 8 o 10 euros por una copa o tres o cuatro euros diarios por un paquete de tabaco. Pero eso sí, pagar por un periódico 1,20 euros, un producto que tiene detrás el trabajo de centenares de personas, nos parece caro. No entiendo absolutamente nada.

jueves, 22 de abril de 2010

La prensa digital, ¿puede ser eternamente gratis?

A igualdad de condiciones, ¿papel o Internet? Si tuviera que pagar lo mismo por leer su periódico en la pantalla de un ordenador o por hacerlo en su versión impresa, ¿qué preferiría? La crisis de la prensa, ¿se debe a una cuestión de gustos o es un problema puramente económico? Si a usted le ofrecieran cada mañana desayunar o ir en transporte público hojeando su diario o hacerlo mirando a una pantalla, ¿con qué se quedaría?

Vale que para gustos hay colores y que quizás las generaciones más jóvenes, sólo quizás, optaran por la versión digital, pero estoy seguro de que la gran mayoría de los lectores de prensa del mundo, a igualdad de precio, elegirían el papel. Porque, ¿y si en el fondo toda la revolución que sufre el sector de la comunicación no tuviera más trasfondo que el de la gratuidad?

¿La gente lee prensa electrónica por gusto o porque es gratis? Hecha la pregunta de otra manera, ¿cuánta gente estaría dispuesta a pagar por leer el periódico en Internet? Pues, probablemente, más o menos la misma que está dispuesta a ir cada mañana a un quiosco y comprar el diario en papel. De modo que, al fin y al cabo, podríamos afirmar que no es la red la que está haciendo caer las ventas de los periódicos sino la posibilidad de no pagar por tener acceso a la información.

¿Qué ha acabado con los videoclubes?, ¿qué está provocando la caída de las ventas de películas y de discos? No es Internet, sino la picaresca, la posibilidad de conseguir gratis lo que de otro modo habría que pagar. Pues con la prensa, aunque de manera legal, está pasando lo mismo: si cada vez que yo deseara leer una noticia en un diario digital tuviera que pagar, pues dejaría de hacerlo.

Son muchos los periódicos que han decidido, en las últimas semanas, comenzar a cobrar por determinados contenidos y otros muchos los que han anunciado que lo harán o que estudian hacerlo. Al fin y al cabo, parece demostrado que la publicidad no es suficiente para mantener las ediciones digitales de los periódicos o, al menos, para que sean un negocio. Paralelamente, estas ediciones digitales pueden ofrecer una información de calidad gracias, en la mayoría de los casos, a que disponen de las redacciones de las versiones impresas para elaborar las noticias. Si Internet hace caer las ventas de ejemplares en papel, ¿cómo mantener dos ediciones paralelas si ninguna de las dos da dinero? Porque, no lo olvidemos, el número de ejemplares vendidos, la audiencia o la cantidad de visitas a una web no son datos que, en sí mismos, hagan rentable a un medio y, si no, que se lo digan a Vocento con ABC.

Bien es cierto que siempre habrá en la red medios que ofrecerán la información de manera gratuita, pero hacer un producto periodístico de calidad cuesta dinero y si las empresas no generan ingresos de sus ediciones online y siguen cayendo las ventas de la versión impresa, pues se verán abocadas al cierre. Y si cierran, ni Google News tendrá de dónde agregar sus noticias, ni las agencias tendrán a quién venderle las suyas y ni siquiera los “chiringuitos” que se dedican a plagiar las informaciones dispondrán de quién hacerlo.

Por tanto, cabe esperar que el chollo de la información “por la cara” termine acabándose, al menos tal y como lo entendemos hoy en día, y que el pago por los contenidos de calidad se extienda, poniendo a cada uno en su sitio. Eso sí, hará falta, en ese caso, que el problema de la piratería se controle o, de lo contrario, estaremos en las mismas.

sábado, 27 de junio de 2009

Lo gratis, el periodismo y la España cañí

¿La crisis que afecta a los periódicos es sólo económica o estamos asistiendo a un cambio de ciclo, a un cambio de hábitos por parte de la sociedad? Si la necesidad humana de estar informado no sólo no es menor, sino que es cada vez mayor, ¿qué pasa con los diarios? En realidad la gente no ha dejado de leerlos, ni ha perdido el interés por ellos. Simplemente está dejando de comprarlos. Es así de sencillo. Todo el mundo cree importante la labor de la prensa, todos lo sienten cuando cierra un periódico, todos defienden el papel de los periodistas y aplauden su trabajo... Sin embargo, la gente no compra periódicos.
Pero en realidad estamos sólo ante un síntoma de un problema mucho más grave. Seguimos siendo el país de la picaresca, del ande yo caliente, del listillo, del todo vale. En nuestra conciencia subyace ese "pagar es de tontos", ese algo tan español, esa característica tan nuestra. Es algo que no se limita a la compra de periódicos, por supuesto, sino que se extiende a todos los ámbitos de la vida. Todos queremos hospitales y carreteras, pero quien puede escaquearse de pagar impuestos lo hace, porque sabe que otros lo harán y seguirán haciendo posible que el Estado preste servicios. Eso mismo es aplicable al pirateo o a la compra de periódicos.
El problema no es la descarga ilegal, sino el no darnos cuenta de que detrás de ese producto que nos bajamos hay un duro trabajo, una labor creadora... Y que para que siga habiendo creación, debe haber una contrapartida económica.
A casi todo el mundo le gusta echar un vistazo al periódico y encontrar buenos reportajes, buenas infografías... en definitiva, un buen producto. Tanto es así, que son muchos los que consideran los periódicos gratuitos un producto de mala calidad, porque poco o nada tienen que ver con los de pago -a pesar de que realizan una labor muy importante y de que también tienen un trabajo periodístico detrás-. Sin embargo, para que ese producto siga siendo de calidad, para que siga llevando suplementos, guías de ocio, revistas... Para que sigan denunciando la corrupción, destapando escándalos, sacando los colores a los políticos, etc. Para que todo eso siga llegando cada mañana a los quioscos, es imprescindible rascarse el bolsillo y gastarse un 1,10 euros, o lo que sea, que es mucho menos de lo que cuesta un caña, un café o un paquete de tabaco y, además, alimenta el espíritu.
Porque si seguimos disfrutándolo sin pagar jamás, pensando que otros ya lo compran, pues pronto pasará lo que en un breve plazo pasará con la música o el cine. Y no es alarmismo. Los datos están ahí. Las descargas han llevado a miles de videoclubes y a decenas de cine al cierre; ya no quedan tiendas de discos pequeñas y son multitud los periódicos que han dejado de salir a la calle o que han presentado EREs salvajes, dejando a miles de periodistas en el paro.
Eso no es aventurar el futuro. Eso es realidad, está ahí, basta querer verlo.
Porque quien crea que las cosas pueden ser gratis es un iluso, un necio o un descerebrado. En algún punto de la cadena alguien tiene que pagar porque si no, el chollo se acaba. Pero allá con la conciencia de cada uno.