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jueves, 27 de enero de 2011

¿Será Twitter el principal medio de comunicación del futuro?

Leo en el blog del periodista Carlos Salas “Diarios del capitán Snorkel” un post de la pasada semana titulado “¿Y si en el futuro nos leyeran a través de Twitter?” en el que plantea si no será esta red social el medio de comunicación del futuro. A priori, para aquéllos que no estén familiarizados con Twitter o no le den un uso más o menos profesional, tal afirmación puede resultar un tanto exagerada. Sin embargo, para los que sí que estamos enganchados a los 140 caracteres y contamos entre nuestros “seguidores” y “siguiendo” con una inmensa mayoría de cuentas vinculadas con el mundo de la comunicación, ya sean periodistas –multitud en esta red social-, ya medios, esta afirmación no nos resulta en absoluto fuera de lugar.

Asegura Carlos Salas en su blog que “Twitter se adapta al mensaje periodístico como un anillo al dedo. ¿Por qué? Porque la gente entra en Twitter para estar al día, o a la hora, o al minuto, porque eliges la fuente de noticias (un gurú, un amigo, un periódico...) y porque los mensajes cortos te permiten leer muchos en poco tiempo. Las noticias bien tituladas o las informaciones candentes de última hora son ideales para este medio de mensajería corta”.

Reconozco que podría suscribir casi palabra por palabra lo arriba expuesto. Pero es que, además, una red social de este tipo, en la que los mensajes equivalen al titular de una noticia y van acompañados en la mayoría de las ocasiones de un enlace a la información que menciona, son una importantísima fuente de entradas a los medios digitales. De hecho, según un estudio elaborado por CNN, hasta un 43% de las noticias que son “distribuidas” a través de la red lo son a través de las redes sociales, frente a un 30% por el correo electrónico o el 15% vía SMS. Pero, además, la clave está en dar con los lectores “influyentes”, es decir aquéllos más activos en el uso de estas herramientas: el 27% de ellos –aquellos que rebotan al menos seis enlaces a la semana- son los responsables del 85% de las informaciones que se mueven por Internet. De modo que tener a éstos en nuestra comunidad nos garantiza un éxito seguro.

Y es que, cualquier medio online que no tenga capacidad para que sus noticias sean distribuidas en las redes sociales tiene asegurado un déficit de visitas importantes pues, de acuerdo con los datos más recientes en este sentido, Facebook ya prácticamente ha alcanzado a Google News como agregador de noticias a las webs de información, algo que muy pronto pasará también con Twitter, pues su progresión en cuanto a número de usuarios crece cada año, muy especialmente entre los países castellanohablantes.

¿Pasa entonces el futuro de los medios digitales por su repercusión en las redes sociales? Rotundamente, sí. Sin datos aún en lo que se refiere a los medios españoles, y hablando simplemente por mi experiencia, estoy seguro de que el número de internautas que llega a cualquier medio online a través de Twitter o Facebook crece cada día y es ya un porcentaje importante sobre el total de visitas.

Aun a sabiendas de que estas aplicaciones son pasajeras y de que ignoro cuánto tiempo durará esta red social, de lo que no me cabe duda es de que sea ésta u otra similar, los informadores tendrán que acostumbrarse a titular en 140 caracteres –menos si tenemos en cuenta que hay que incluir el enlace- y que si no son capaces de hacerlo de forma interesante y atractiva para el lector, sus noticias serán muy poco leídas, por más que la información sea la bomba. Y esta misma norma es aplicable a los blogs y a cualquier soporte que desee captar la atención de los internautas. Y si no, al tiempo.

domingo, 19 de diciembre de 2010

El periodismo, sus horarios y la imposible conciliación familiar o cómo arruinar tu vida

En mayor o menor medida, todos en esta profesión estamos por devoción y no por obligación. La mayoría de nosotros amamos esto del periodismo. Sin embargo, aquéllos que trabajamos en medios de comunicación, ya sea prensa escrita, radio o, en menor medida, televisión, tenemos bastante difícil llevar una vida medianamente normal. Vale que no somos funcionarios, que no pretendemos trabajar de ocho a tres de la tarde, ni fichar... Pero eso no quita para que algunos, al menos los que tenemos familia, hijos y esas cosas, sí echemos de menos algo de normalidad, entendiendo como tal poder llegar a casa antes de que estén acostados, disfrutar con ellos los fines de semana y festivos o no estar pendiente todo el día del teléfono móvil "por si ocurre algo". A veces, cuando oigo que se trata de una de las profesiones con más índices de divorcio no me sorprende e, incluso, me extraña que no haya más.
Pero más allá de que es lo que hemos elegido y de que es difícil adaptar la actualidad a la vida familiar, no es menor cierto que en la mayoría de los medios que conozco los horarios se rigen por antiguas prácticas, por modelos caducos en los que la presencia física en las redacciones era necesaria. Hoy en día, muchas de las tareas se podrían hacer desde casa o desde el lugar en el que ocurre la noticia.
En los periódicos prima más el cuánto que el qué; importa más las horas que se está en la redacción que la productividad. ¿De verdad hace falta trabajar 10 ó 12 horas diarias para escribir tres o cuatro informaciones?, ¿realmente es necesario pasar todo el día en el periódico? Curiosamente, cada vez los medios tienen menos noticias de elaboración propia y más de agencias, de nota de prensa, de comunicado, de rueda de prensa, de nevera. ¿Es necesario para hacer un periodismo cada vez más de corta y pega estar todo el día haciendo acto de presencia?
Yo, sinceramente, creo que no. Y veo también que la gente, al menos aquella gente a la que nadie espera en casa y cuya vida fuera de la redacción se reduce a la mínima expresión, prefiere estar allí, perdiendo el tiempo muchas veces, antes que salir a la calle, aunque sólo sea en busca de noticias frescas. Sé de gente que entre las veces que sale a fumar, el tiempo que pasa junto a la máquina de café... Apenas trabaja de verdad más allá de cuatro o cinco horas.
Sé que en muchos casos es difícil, pero en otros el trabajo se podría hacer perfectamente desde casa, con un ordenador en red conectado al software del periódico.
Del mismo modo, teniendo en cuenta que los medios digitales funcionan las 24 horas al día todos los días del año, ¿para qué nos empeñamos muchas veces en los medios en papel en tratar de meterlo todo en las páginas? ¿Acaso no nos damos cuenta de que por tarde que cerremos siempre habrá algo que se nos escape? Aunque cerremos a las tres de la mañana, lo que ocurra a las tres y un minuto no entrará.
Seamos conscientes de nuestras limitaciones y de la realidad cambiante. El papel debe asumir su nuevo papel interpretativo, de análisis de datos, de opinión, de explicación, y dejar de obsesionarnos por la información pura y dura, que para eso están ya los digitales o los boletines informativos de las radios y las televisiones. Salvo noticias puntuales como acontecimientos deportivos, reuniones de última hora... es absurdo cerrar a las tantas. En el resto de Europa la mayoría de los diarios en papel cierran sus ediciones mucho antes que en España y sin complejos.
Pero, reconozcámoslo, lo de estar en el trabajo muchas horas no ocurre sólo con los periodistas en este país, sino que es habitual el estar. Eso sí, luego tenemos los índices de productividad que tenemos.
Y es que, nos llenamos la boca con reportajes sobre la conciliación familiar pero no somos capaces de aplicar eso mismo a nuestras vidas. Y así nos va.

martes, 16 de noviembre de 2010

Las redes sociales, el auténtico foro para el debate del periodismo

Como periodista, si algo me fascina de las redes sociales es que se han convertido en un auténtico espacio de debate, de análisis y de autocrítica de esta profesión. De repente, parece que todo el mundo está interesado en hablar sobre este trabajo nuestro, en opinar, en abrir las puertas para que cualquier pueda exponer sus ideas libremente. Más allá de los actos puntuales que se puedan celebrar en el mundo real, casi siempre bajo el esquema de conferenciante que habla y público que escucha, aquí, en las redes sociales, y muy especialmente en Twitter, todos tenemos algo que decir, jóvenes y mayores, expertos o principiante, en paro o trabajando, en precario o acomodados, profesores o alumnos… Es maravilloso ver cómo, en contra de lo que pudiera parecer antes de que existiera este mundo paralelo digital, sí nos interesa hablar de periodismo, de hacia dónde va este trabajo, de si somos útiles o no, de si hay futuro para el papel o si todo se cocerá en Internet. Cualquier tema es susceptible de debate.

Y lo mejor de todo es que son, en la mayoría de las ocasiones, los más jóvenes quienes llevan las riendas de estos debates. Son las nuevas generaciones, los 2.0 los que han roto tabúes y se atreven con todo. Y los que nos demuestran a los no nativos digitales que vienen pisando fuerte, muy fuerte, y que están dispuestos a mover la silla a los culos gordos que las ocupan desde hace años.

Y es que los jóvenes periodistas –y los no tan jóvenes, reconozcámoslo también- están no sólo abriendo el camino, sino mostrándolo. Se mueven, se apuntan al carro de las nuevas profesiones, son capaces de recorrerse media España asistiendo a cualquier evento sobre el sector, organizan actos como esos mágicos #cafeperiodismo, #EBE, #BCN Medialab… Es decir, que nunca antes como ahora el relevo generacional ha pisado tan fuerte. Y lo peor de todo es que muchos de estos emprendedores llenos de ideas, de proyectos, de ganas… están en paro o en trabajos precarios. Y otros muchos han decidido montárselo por su cuenta arriesgando su tiempo y su dinero.

Y mientras tanto, en las redacciones de los grandes medios no hacemos más que criticar a los becarios que se dejan los cuernos por hacer el trabajo de un senior cobrando lo que yo ya cobraba hace casi dos décadas cuando empecé como becario. “Estos jóvenes no son como éramos nosotros, no le echan ganas, no tienen sangre” decimos. Y aunque habrá quien no la tenga, parece evidente que muchos de ellos están más preparados que nosotros, tienen más formación, han estudiado fuera, saben idiomas, se manejan a la perfección en el mundo digital, etc. Pero nosotros tenemos trabajo –por ahora- y ellos no.

Mientras estemos en manos de gente no ya que no sabe apenas encender un ordenador, sino que ve con suspicacia los medios digitales; que mira Internet como un enemigo, en lugar de como a un aliado imprescindible; que considera las redes sociales un juego, cuando no una pérdida de tiempo; que cree que se es mejor periodista por pasar 14 horas en la redacción de un periódico aunque la mitad de ellas se pasen de charleta con los compañeros fumando en la puerta… mientras todo esto siga ocurriendo cabe la posibilidad de que cuando las nuevas generaciones lleguen arriba, esta profesión esté tan mal que ya no tenga remedio.

jueves, 28 de octubre de 2010

¿Es Wikileaks auténtico periodismo?

Wikileaks. Es la palabra que está en todas las bocas, en todos los debates Y no es para menos. Más allá de la importancia de los documentos que ha ido haciendo públicos tanto la pasada semana como en anteriores ocasiones, me interesa especialmente el papel que juega su irrupción como fenómeno informativo en el panorama periodístico actual.

Para muchos, su labor pone en entredicho la labor del periodismo tradicional. Su fundador y portavoz, Julian Assange, aseguraba recientemente en una entrevista que “dado el estado de impotencia del periodismo, me parecería ofensivo que me llamaran periodista”, por lo que el denomina “abusos” de esta profesión. “¿Qué abusos?”, le preguntaba la periodista. “El mayor abuso es la guerra contada por los periodistas. Periodistas que participan en la creación de guerras a través de su falta de cuestionamiento, su falta de integridad y su cobarde peloteo a las fuentes gubernamentales”. Ahí es nada.

Me muestro de acuerdo con Assange en buena parte de sus declaraciones acerca de esta profesión y sus miserias. Falta de cuestionamiento y de integridad son acusaciones muy duras pero no se alejan mucho de la realidad. Los medios y los profesionales no buscan sino el éxito, la primicia, vender más, influir más, tener más eco mediático… ¿Escribimos pensando en el público? Hace mucho tiempo que no, que perdimos de vista al lector, al oyente, al espectador, y eso nos ha conducido a alejarnos de la sociedad y a ser prescindibles. Y sitios como Wikileaks demuestran que la tecnología nos ha puesto en el disparadero y que, o evolucionamos o nuestro papel en el proceso informativo queda en entredicho.

Sin embargo, en lo que se refiere a la forma de trabajar de Wikileaks, no tengo claro que pueda denominarse periodismo. Hay quien asegura que se trata de periodismo sin periodistas, pero me surgen dudas acerca de si recibir cientos de miles de documentos y colgarlos en la red, para que el lector rebusque como en una suerte de rastrillo virtual, es periodismo. No estoy cuestionando el valor de la información que aportan estos informes, pero discrepo en cuanto a que la forma de darlo a conocer sea algo equivalente al periodismo.

Si yo mañana encuentro unos informes confidenciales y los cuelgo de mi página de Internet, para que cualquiera pueda tener acceso a ellos, ¿estoy haciendo periodismo? Evidentemente, no. Pero, además, me surge la duda de si es necesariamente bueno que toda esa información en bruto sea accesible para cualquiera. ¿Por qué? Obviando la idea de que existan guerras “legales” y guerras “ilegales” –o justas e injustas-, no es menos cierto que todos los conflictos bélicos, todos, provocan daños colaterales, sacan lo peor del ser humano estén en el bando que estén y esconden actuaciones atroces de un lado y de otro. La participación de Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial en Europa para combatir el nazismo es un claro ejemplo de “guerra justa” y, sin embargo, un “wikileaks” de entonces habría podido sacar miles de trapos sucios de las tropas yanquis a su paso por el viejo continente.

Por tanto, ¿qué ha hecho Wikileaks hasta ahora? Pues, realmente, poner letra a una música que todos conocíamos, concretar con cifras lo que cualquiera podía imaginar. ¿O acaso no sabíamos que tanto en Irak como en Afganistán están muriendo civiles o se cometen torturas? Quiero decir con todo esto que no creo que lo que hace Wikileaks sea, ni remotamente, periodismo de investigación. Paralelamente, este mismo lunes el diario británico “The Independent” informaba de que antiguos miembros de Wikileaks han denunciado que la “obsesión” de Assange con el Ejército estadounidense ha hecho que no se hagan públicas otras filtraciones relacionadas con temas diferentes. Y es que, quien esté libre de pecado, que tire la primera piedra.

domingo, 17 de octubre de 2010

Los últimos artesanos del periodismo

Mientras los grandes medios se debaten entre la comunicación 2.0 y el apego al papel, mientras los periodistas de postín discuten si su futuro será digital, impreso o si no será, mientras los gurús ponen fecha a la defunción definitiva de los periódicos, tal y como hoy en día los conocemos… mientras todo esto ocurre aún quedan pequeños reductos donde el periodismo todavía es un oficio artesanal realizado con mimo, donde los periodistas siguen pateando la calle y tratando a las fuentes cara a cara, donde el trabajo se sigue haciendo por amor al arte, por vocación, porque sí.

Son multitud los municipios españoles en los que se editan pequeñas publicaciones que sobreviven a duras penas y que salen adelante con el esfuerzo de unos pocos, periodistas o no, aprendices en cualquier caso. No hay registros ni datos oficiales; no se saben cuántos son ni cuantos ejemplares publican; no están apenas organizados –no hay ninguna asociación específica de prensa de información local- ni son noticia más allá de su ámbito, pero ahí están, saliendo a la calle cada semana, cada quincena, cada mes, cuando se puede, cumpliendo una labor social nunca lo suficientemente reconocida.

Y permítanme que ponga mis ojos en un caso concreto, una pequeña publicación que ha cumplido este 2010 95 años de vida, ahí es nada, que ve la luz en el municipio onubense de Isla Cristina –es la más antigua de Huelva y la tercera de Andalucía-, que ha sobrevivido a una guerra, infinitas crisis, a la monarquía, la república y la dictadura, a ayuntamientos democráticos de todos los colores… y ahí sigue, manteniéndose a flote gracias a la publicidad y la venta de ejemplares, saliendo adelante no sin dificultad, sin subvenciones, sin ayudas y sin mendigar.

Me estoy refiriendo a “La Higuerita”, un milagro del periodismo que tiene una periodicidad quincenal, que es de pago -1,50 euros- y que cuenta con una tirada de 1.300 ejemplares y una audiencia de 9.000 lectores para una población de 20.000 habitantes. Además, no sólo se vende en los quioscos y librerías de la localidad, sino que, vía suscripción, alcanza todos los rincones de España y alguno que otro de más allá de nuestras fronteras. Y es que no sólo se trata de un medio de comunicación, sino que este tipo de publicaciones son también el cordón umbilical que mantiene unidos a muchos ausentes con sus pueblos de origen. Y si a algún punto no llega con el papel, también dispone de una edición digital –www.periodicolahiguerita.com- que, en poco más de un año de vida, ronda las 200.000 visitas. Y es que, la tradición y las nuevas tecnologías no tienen por qué estar reñidas.

¿Qué cómo se logra algo así con la que está cayendo? Pues gracias a la labor de periodistas si no de formación, sí de vocación; gracias a personas que dedican sus ratos libres a escribir, a hacer fotografías, a entrevistar a los personajes más representativos de su ámbito, a hablar con la gente, a redactar gacetillas y crónicas de vida social. A plasmar, en definitiva, las pequeñas realidades de la vida cotidiana, a hacer periodismo local, hiperlocal si me apuran ahora que este término está tan de moda, a hacer periodismo de verdad, del bueno, del que no espera nada a cambio.

Y aunque en los últimos años han ido apareciendo en municipios de cierta entidad publicaciones locales gratuitas pertenecientes a grupos de comunicación –caso de Publicaciones del Sur, en Andalucía; Gacetas Locales, en Madrid; o Gente, en todo el territorio nacional-, su forma de trabajar, su “estandarización”, su propia estructura, poco o nada tienen que ver con este tipo de prensa local artesanal a que nos referimos, independiente y que se mantiene, no como un negocio –cuánta prensa ha nacido al abrigo de la publicidad institucional y las subvenciones- sino casi como una institución.

viernes, 8 de octubre de 2010

Periodismo en 140 caracteres

La revuelta policial que la pasada semana sufrió Ecuador y que su presidente, Rafael Correa, calificó de intento de golpe de Estado, se convirtió en un hecho histórico, no tanto por su trascendencia –más bien escasa- sino por haberse convertido en el bautismo de fuego de Twitter como medio de comunicación.

Bien es cierto que en anteriores ocasiones ya había servido para dar a conocer la situación interna de algunos países o para mostrar la represión, como fue el caso de las revueltas en Irán de comienzos de este año. Sin embargo, en esta ocasión se pudo seguir, minuto a minuto y a través de esta red social, lo que estaba ocurriendo en el país antes de que las propias agencias de noticias informaran o de que las ediciones digitales de los medios ecuatorianos lo colgaran en sus páginas.

La cobertura de los hechos que hicieron numerosos periodistas a través de sus cuentas en Twitter fue seguida por miles de personas que, a su vez, “retuiteaban” los mensajes a sus seguidores, multiplicando exponencialmente el eco de estos mensajes de hasta 140 caracteres de longitud. Especial atención merece el caso de la periodista quiteña Susana Morán, que desde las calles de su ciudad, y a través del móvil, fue "tuiteando" en directo todo cuanto ocurría para la red social. Tal fue su eco que ahora tiene cerca de 9.000 seguidores.

Pero no sólo fueron los periodistas los que hicieren uso de esta herramienta. De hecho, fue esta red social la elegida por la Presidencia de Ecuador para decretar el Estado de Excepción –“Gobierno declara estado de Excepción” rezaba el escueto mensaje-, dado que Rafael Correa estaba acorralado en un hospital por los agentes amotinados. Una hora después era el vicepresidente del país el que utilizaba la misma cuenta para mostrar su lealtad: “Vicepresidente de la República ratifica su total apoyo al Presidente Rafael Correa Delgado”. Y así, poco a poco, a través de esta canal, distintas autoridades e instituciones ecuatorianas fueron mostrando su apoyo a la legalidad vigente. Paralelamente, Twitter fue utilizado también por otros presidentes de países vecinos para mostrar su apoyo a Correa.

¿Quiere decir esto que hasta ahora no se le hubiese dado este uso a Twitter? En absoluto, pues ya se utiliza para retransmitir acontecimientos deportivos o eventos de cualquier tipo en directo, pero lo que sí es cierto es que este hecho ha sido una especie de puesta de largo oficial. Si hasta la fecha muchos veían la web del pajarito como un entretenimiento o como un sitio más en el que estar para completar el kit de perfecto internauta, ahora ha demostrado que, no sólo es una de las herramientas más utilizada por los periodistas –profesión que ha hecho de Twitter un soporte más-, sino que incluso las administraciones se han dado cuenta de su enorme potencial como altavoz.

Aunque hay muchas voces aún que dudan que Twitter pueda definirse como un medio de comunicación y que creen que en 140 caracteres es imposible hacer periodismo, hay también infinidad de opiniones que opinan lo contrario y que consideran que su inmediatez, su uso a través de cualquier otro dispositivo portátil, y su interactividad convierten esta herramienta en un arma de gran valor para los informadores, puesto que, además, permite colgar fotografías, enlazar con informaciones más amplias o con blogs…

Y es que no hay que olvidar que esta red social –o agencia de micronoticias personales, como la han definido algunos- cuenta con 145 millones de usuarios en todo el mundo. Además, es gratis, puede ser utilizada desde un teléfono móvil y es abierta, es decir, cualquiera puede seguir a cualquiera sin permisos ni autorizaciones. Si tenemos en cuenta además que los “tuits” o mensajes pueden ser “retuiteados” a su vez infinitas veces, nos dan idea del efecto multiplicador que un titular puede alcanzar en esta red. Y es que un buen periodista puede decir mucho en sólo 140 caracteres.

jueves, 30 de septiembre de 2010

¿Qué fue de la obligación de los periodistas de escribir bien?

A través de los vericuetos de Twitter -Sala de Prensa-, llego hasta un artículo que el gran escritor y periodista mexicano Carlos Monsiváis, fallecido este año, escribió allá por 2007 y que, bajo el título “Periodismo y escritura, ¿qué es escribir bien?”, criticaba la poca importancia que los informadores de hoy en día le dan a la corrección, al estilo e, incluso, a la ortografía.

Asegura Monsiváis que “hace medio siglo persistía la certeza de que escribir bien era un deber de los periodistas”. Hoy, sin embargo, “a propósito de un reportero o de un articulista, es infrecuente oír el “escribe muy bien”, y lo común es la resignación de los lectores ansiosos de informarse, pese al enredo mortal de la sintaxis de un gran número de redactores y reporteros”. Analiza el escritor en su artículo pormenorizadamente las razones que, a su juicio, causan esta situación, entre las que destaca la reducción del vocabulario utilizado, la destrucción de la memoria –sustituida por Internet-, el desplazamiento a un segundo plano en los estudios de comunicación de la literatura y de la escritura, “el uso de cada vez menos palabras quiere decir también el adelgazamiento de las noticias”, al deseo de la fama rápida de los propios periodistas, que les lleva a anhelar “no un trabajo periodístico sino la sobre-exposición mediática” o la muerte de la buena prosa y del discurso crítico a manos de la “exclusiva”.

Son sólo algunos ejemplos, pero muestran, muy a las claras, por dónde va la escritura en la actualidad. Pero quizás haya muchas otras razones para que los jóvenes periodistas no tengan la ortografía y la corrección estilística como prioridades. Que la cultura visual en la que vivimos hace que se lea menos es evidente, pero no me atrevería a decir que las generaciones actuales leen menos que las anteriores. Sin embargo, sí está claro que las nuevas tecnologías, con todo lo que tienen de bueno, han hecho mucho daño a la escritura porque en la red se encuentra lo mejor y lo peor, y todo al mismo nivel, es decir, es difícil, si se carece de una buena base, lo que es correcto de lo que no lo es, lo que está bien escrito de lo que no lo está.

Y no es Monsiváis el único que ha escrito sobre esto, no. Ya hace unos cuantos años, en 1994, el sociólogo Amando de Miguel escribió una obra titulada “La perversión del lenguaje”, que debería ser de lectura obligatoria para todos aquéllos que nos ganamos la vida con esto de la escritura. En uno de los capítulos de este libro, titulado “Quiosco de periódicos”, explica que los diarios “son una de esas vías de perversión de la lengua común a la que me refiero” y critica, no sólo a los propios periodistas, sino también a los opinadores y columnistas que escriben en los medios y no siempre de la manera más correcta.

Pero, y no es corporativismo, no creo que la culpa de esta dejación sea únicamente –aunque también- de los periodistas. Me consta que muchísimas de las faltas de ortografía o errores gramaticales que llegan a manos de los correctores de los propios medios –algunos desgraciadamente no pasan este filtro y ven la luz- no son provocados por el desconocimiento, sino por la prisa, mal endémico de esta profesión. Los redactores no tienen tiempo muchas veces de releer lo que han escrito y otras, aun teniéndolo no lo hacen. Es decir, mandan las páginas tal cual las escriben con el peligro que ello conlleva. Bastaría muchas veces con una lectura pausada de lo redactado para evitar, no ya las faltas ortográficas, sino las frases sin sentido, las incorrecciones gramaticales, las incongruencias, las repeticiones, la retórica…

En cualquier caso, y sea culpa de quien sea, deberíamos hacer entre todos un ejercicio de responsabilidad y de ética para escribir bien, para que los lectores nos entiendan y para no ser un mal ejemplo pues si leyendo se aprende a escribir, que seamos buenos maestros.

miércoles, 5 de mayo de 2010

Las redes sociales y los blogs, una ventana abierta al ego del periodista

Si una profesión ha sabido sacar provecho de las redes sociales y de los blogs, esa es el periodismo. Más allá del uso que los propios medios hacen de la red para informar, los periodistas, como individuos, han visto en estas herramientas una ventana abierta al mundo, un lugar desde el que ver y dejarse ver, desde el que mostrar a los demás todo aquello que llevan dentro y que no pueden dar salida en su trabajo cotidiano.

De repente, una profesión como la nuestra, tan vocacional como constreñida al ámbito del medio para el que se trabaja, tan llena de egos deseosos de darse a conocer, de escritores frustrados, de incomprendidos… ha encontrado en Internet, y especialmente en sitios como Twitter, Facebook o los blogs un escenario en el que poder mostrar libremente a todo el mundo su potencial, sus ideas, reflexiones, proyectos, artículos –como es el caso-, fotografías o trabajos. Ya no es necesario ser un gran columnista en un diario para asomarse cada día a los lectores, ya no es imprescindible tener un espacio en la radio o la televisión para ser escuchado. Ahora, basta crear un blog y escribir tanto como deseemos, a la espera de esos lectores. Todos soñamos con deslumbrar, con tener hordas de seguidores en twitter, con que nuestro blog sea una página vista por cientos de miles de internautas, con que nuestros post sean comentados, retwiteados o recomendados.

Este, y no otro, es el motivo fundamental de ese especie de maridaje entre periodistas y la web 2.0. Y es que, detrás de cada uno de nosotros, hay un columnista necesitado de lectores, un ego que alimentar. Por eso, por favor, léannos, difundan nuestro mensaje a los cuatro vientos, recomiéndennos, retwitennos, comenten nuestro post, hablen de nosotros, satisfagan nuestro ombliguismo. Le estaremos eternamente agradecidos.

viernes, 9 de abril de 2010

La información local, la clave del periodismo


Raro es el periodista que no aspira a cubrir la información política y parlamentaria, a ser corresponsal o a realizar grandes reportajes de investigación. Raro es el medio que no desea una gran exclusiva de trascendencia nacional o, por qué no, internacional. Rara es la empresa periodística que no anhela que sus noticias sean comentadas en los informativos de las más importantes cadenas de televisión o en las principales emisoras de radio del país. Las secciones de Nacional e Internacional abren los diarios, sin olvidar Economía, Sociedad o, incluso Deportes.

Sin embargo, al lector, o al oyente o al telespectador, es decir, a aquéllos que conforman la audiencia o la difusión de un medio, no son necesariamente este tipo de noticias las que más les interesan. No abren el periódico buscando las palabras del líder político de turno ni el último escándalo ni si los vocales del Tribunal Constitucional han sido reelegidos o sustituidos. Tampoco se levantan ansiosos por las mañanas por conocer los resultados de las elecciones en Bolivia o Ucrania –ni siquiera les quita el sueño quien gobierna en Portugal o Alemania-. Es muy probable incluso que se salten las páginas de economía, que no hayan leído nunca las cotizaciones de Bolsa o que no sepan ni por dónde caen las páginas de opinión de su periódico.

Pero hete aquí que muchos, una gran mayoría, sí que leen la sección de información local, ya sea para saber qué calles de su ciudad están cortadas, para conocer cuando acabarán las obras que le torturan cada día o para enterarse de cómo fue el atraco o el incendio del día anterior. También, probablemente, quieran saber las actividades culturales en su barrio, el horario de esa exposición que tanto desean ver o la programación de La Noche en Blanco, el Día de la Arquitectura o la Semana de los Museos.

Sí, seguramente ningún periodista sueñe con hacer información local –salvo excepciones-, pero es la base del auténtico periodismo, donde se aprende a pisar la calle, a buscar fuentes, a hacer pasillos, a abrir los ojos, a entablar contactos o a destapar escándalos. Es cubriendo un pleno municipal, la asamblea de una asociación de vecinos o visitando unas obras donde está la clave de esta profesión.

Es la cercanía al vecino –al lector en definitiva- la que marca este trabajo, por que, aunque lo perdamos de vista en demasiadas ocasiones, es para quien compra nuestro periódico o ve o escucha nuestro medio para quien trabajamos. No para el resto de medios, no para que se hable de nosotros en la competencia, no para la galería ni para llenar titulares. El ego es el ego, vale, pero hay una cosa que se llama profesionalidad, que debería guiar nuestra labor.

El periodismo local es despreciado por los compañeros, aunque sea el preferido de los lectores. Pero es lo local, lo “hyperlocal” como aseguran los gurús de la comunicación, lo que sacará a la prensa escrita de la crisis. Es la cercanía, la información pegada a la calle, la que nos podrá diferenciar de la globalización. Es rascar el día a día de los ciudadanos, saber qué quieren saber, qué les interesa, qué les afecta lo que marcará el éxito o no de un medio. Es la foto propia –y no la de agencia que se repite en todas las portadas- la que nos hace diferentes, la información propia, conseguida únicamente estando ahí, la que nos hace únicos.

Ese “hiperlocalismo” es lo que explica el triunfo de los periódicos “de provincias”, como con desprecio se les llama en Madrid. Y curiosamente en Madrid, donde la información local da para llenar páginas y páginas, no hay un diario local, sino secciones de local, reducidas muchas veces a su mínima expresión.

Son muchos los periódicos fuera de nuestro país, especialmente en Estados Unidos o en Francia, donde la prensa regional tiene gran fuerza. En España, el ejemplo más claro sería el de El Correo.

Uno de los casos quizás más paradigmáticos de este tipo de periodismo es el de “L’Ouest France”, el diario más vendido del país vecino, con unos 800.000 ejemplares diarios -el doble que "Le Monde" o "Le Figaro"-, unas 40 ediciones diferentes y más de 500 periodistas en plantilla. Tiene su sede en Rennes, capital de Bretaña, y basa su estructura informativa en las noticias locales.

Local, local y más local. Periodismo en estado puro y un negocio. O eso es al menos lo que aseguran muchos expertos, que han visto en lo “hyperlocal” la forma de hacer rentables sus periódicos. Aunque esto es España.

jueves, 25 de marzo de 2010

Lectores leales en papel, infieles en la red

Como un matrimonio de los de toda la vida. Así podría definirse la relación que tienen algunas personas con su periódico. La fidelidad a un diario es un rasgo atribuible a cientos de miles de lectores. Sin embargo, y aunque aún son muchos los que responden a este perfil, no es precisamente la fidelidad un valor en alza entre las nuevas generaciones. ¿Qué quiere decir esto? Pues que en el mundo digital, siempre y cuando siga siendo un universo gratuito, nadie se informa a través de un único medio.

Normalmente, cuando se trata de formatos tradicionales, una persona lee sólo un diario, ve los informativos de una cadena de televisión y escucha siempre la misma emisora de radio. Sin embargo, cuando de Internet se trata, desaparecen por completo los lazos y, si bien los internautas tienen sus webs de referencia, no tienen obstáculos en ir de una en otra hasta que encuentran lo que desean. Así, según se desprende de un estudio realizado en Estados Unidos, alrededor del 46% de los encuestados aseguran utilizar para mantenerse informados entre cuatro y seis medios al día, mientras que sólo un 7% afirman hacerlo a través de uno solo. Del mismo modo, cerca del 70% dicen no tener un medio de noticias favorito.

Es más, en muchas ocasiones, ni siquiera son las ediciones online de los medios las más consultadas, sino que los usuarios se informan, cada vez más, a través de agregadores de noticias tipo Google News, y, sobre todo, gracias a las redes sociales, especialmente Facebook, que ya redirecciona en Estados Unidos el triple de usuarios a medios de comunicación online que Google News.

Y es que, buena parte de los internautas busca en Internet rapidez y claridad a la hora de informarse. Es decir, que si entran a una web y no encuentran de un simple vistazo lo que buscan, se marchan a otra, sin ningún tipo de problema. Igualmente, tampoco permanecen demasiado tiempo en ningún sitio, pues lo habitual es una lectura de titulares y sólo en aquellas noticias en las que tienen más interés pinchan para leer algo más.

No debemos olvidar tampoco el papel cada vez más importante que juegan los blogs. Aunque no son, como tal, un medio de información, sí que son seguidos por usuarios que buscan algo más que la noticia pura y dura. Por eso, los blogs periodísticos tienen cada vez más adeptos, pues aportan ese valor añadido, esa interpretación, esa vuelca de tuerca… Además, los blogueros disponen ahora de aliados como Twitter, que multiplican su difusión a decenas de miles de internautas. Casos como el de Enrique Dans o Marilín Gonzalo, con dos de los blogs más leídos de España y cerca de 100.000 seguidores cada uno en Twitter, son un claro ejemplo de por dónde van los tiros. Porque las cifras no engañan: cualquier cosa que estos dos blogueros escriban es seguida por más gente que lo que pueda decir un columnista en un diario.

miércoles, 24 de marzo de 2010

The New York Times, una decisión valiente y arriesgada


La idea de The New York Times de retransmitir, aunque sea en diferido, sus reuniones de redacción, me parece fascinante. Tanto, que me cuesta creer que se vaya a mantener en el tiempo.
No sé, quizás tenga la mente sucia, pero no puedo evitar pensar que una decisión tan valiente y arriesgada tenga continuidad en el tiempo, pues hay que tener la conciencia muy tranquila y las ideas muy claras para abrir las ventanas de par en par y dejar que se asome al interior de tu casa cualquiera que pase por allí.
Para empezar, y habiendo vista tan sólo los primeros vídeos -http://video.nytimes.com/video/playlist/timescast-, me parece una auténtica lección de periodismo para todos aquellos que quieren saber cómo funciona un periódico por dentro, cómo se deciden los temas... Pero más allá de su valor pedagógico, creo que se trata de una demostración de independencia. Quien más, quien menos, sabe que cualquier medio de comunicación tiene sus hipotecas, ya sean económicas, ya ideológicas, políticas o morales. Sin embargo, existen también otros intereses, menos confesables, que influyen demasiado en qué noticias se dan y cuáles se ignoran o en qué enfoque reciben las informaciones.
Por este motivo, considero que hacer público algo tan "privado" como una reunión de redacción es un triple mortal sin red -bueno, con red, pues no se emite en directo- pues la reunión de redacción es al resultado final del periódico como las discusiones de pareja a la imagen de un matrimonio aparentemente perfecto.
Dudo mucho que existan otros diarios que se atrevan a tomar una decisión parecida. Y si se instalasen cámaras ocultas en la mayoría de estas reuniones, la imagen que del periodismo tiene mucha gente se vendría abajo en cuestión de segundos. Y es que, no es oro todo lo que reluce.

viernes, 12 de marzo de 2010

13 periódicos chinos se atreven a criticar al Gobierno


El pasado 1 de marzo, en un auténtico ejercicio de audacia, 13 periódicos chinos publicaron un editorial, tanto en sus ediciones en papel como en la digital, en la que pedían al Gobierno que retire el denominado "pasaporte interior", una herramienta gubernamental que permite controlar los flujos migratorios dentro del país, es decir, los movimientos interiores de la población. Sin este pasaporte, conocido como "hukou", los ciudadanos que emigren de unas zonas a otras de China no pueden beneficiarse de determinadas medidas. Los periódicos aseguraban que este pasaporte era "anticonstitucional" y viola "los derechos del hombre".

Pero esta valentía no les ha salido gratis. Según Reporteros sin Fronteras, algunos de los periodistas que trabajan en los medios que realizaron la solicitud al gobierno chino, publicada en 11 provincias, han sido amenazados con ser sancionados. Además, las autoridades no tuvieron inconveniente en borrar de las ediciones digitales de los diarios el artículo. De hecho lo hicieron desaparecer incluso de otros medios que habían hecho alusión.

El editorial vio la luz en los días previos a la sesión anual del Legislativo chino, fecha sensible para las autoridades, que tratan de evitar en estas fechas cualquier muestra de descontento.El miércoles 10 de marzo, uno de los periodistas, del semanario "Economic Observer", que promovió esta iniciativa reveló, en una carta abierta publicada en Internet, que había sido penalizado, así como otros informadores colegas.
En cualquier caso, esta reacción es la habitual siempre que cualquier medio opina sobre algunos de los temas que las autoridades del Partido Comunista Chino consideran "sensible".

viernes, 5 de marzo de 2010

¿Que la prensa es cara?

En un país de piratas y de trapazas, en el que el pillo sigue siendo mirado con buenos ojos y el honrado tomado por tonto, es difícil tratar de que la gente pague por lo que puede obtener gratis. Más allá del debate de si es buena idea o no cobrar por determinados contenidos en las ediciones digitales de los periódicos, uno de los motivos que se aducen para no comprar un diario es su coste. Para muchos españoles, bien es cierto, pagar algo más de un euro cada día, y más con la crisis galopante que nos azota, es un lujo que no se pueden permitir.

Sin embargo, reconozco que me cuesta morderme la lengua cuando quien este motivo alega lo dice con un cafe o una caña en la mano y un cigarrillo en la otra. Ignoro exactamente el coste real de un café, pero no creo que supere los 20 o 30 céntimos, a lo cual habría que sumar el gasto que supone mantener un bar abierto, pagar la cafetera, la luz, el agua... Pongamos que, en total, estemos hablando de 40 ó 50. De ahí, al euro y pico que pagamos por él, hay un trecho.
Y qué decir del alcohol. En un país donde emborracharse es patrimonio cultural, nadie parece escandalizarse porque te cobren un mínimo de seis euros por una copa en cualquier tugurio. Eso, señores, es un robo en toda regla.

Sin embargo, cuando la gente trata de justificar el motivo por el cual no compra jamás un periódico o la razón por la que se baja de la red más películas de las que será capaz de ver nunca, la razón siempre es la misma: es que el periódico es caro, es que el cine es caro, es que los discos son muy caros.

Invitaría a muchos de estos individuos que jamás compran el periódico, aunque gustan de leerlo gratis, a visitar una redacción y a seguir todo el proceso de producción de un diario y que luego me digan si cobrar 1,20 o 1,30 euros por él es caro o barato. Que el producto de todo un día de trabajo, que lleva detrás la labor de periodistas, fotógrafos, técnicos, impresores, repartidores... más la comisión que se llevan los quiosqueros, que no es pequeña, se pague con 120 céntimos es poco menos que un regalo. La prensa, por tanto, es un milagro, pero un milagro accesible para casi todo el mundo.

Evidentemente, sin compradores, no habrá prensa y, entonces, muchos de los que ahora se gastan el dinero en tabaco, en cañas o en copas, se lamentarán. ¡Qué país!

viernes, 25 de septiembre de 2009

Informativos españoles sin canas

Los periodistas de mayor edad son relegados en España, mientras que en Europa o Estados Unidos son auténticas estrellas y gozan de la mayor credibilidad

Juventud divino tesoro. Eso es, al menos lo que deben pensar los programadores televisivos a la hora de escoger a los conductores y presentadores de los distintos espacios, pero muy especialmente de los informativos, donde, salvo casos excepcionales como el de Matías Prats Jr., que a sus cincuentaytantos años es ya un veterano, prima la juventud por encima de cualquier otro valor. Así, auténticos “monstruos” de la comunicación de nuestro país han tenido que dejar su puesto por rondar los sesenta años, edad en la que en otras profesiones -nuestros políticos sin ir más lejos- se está en el mejor momento.
Sin embargo, estos prejuicios contras las arrugas no son universales y basta con echar un vistazo a los informativos de los países de nuestro entorno para darnos cuenta de que cumplir años no es un obstáculo para seguir conduciendo programas de éxito. Personajes como Patrick Poivre d'Arvor, que durante 20 años ha conducido el principal informativo de la televisión pública francesa TF1 -desde 1987 hasta 2008- y que aún siguen en activo, o Bruno Vespa, presentador y productor de “Porta a porta”, uno de los programas de más audiencia de la RAI, que a sus 65 años sigue al pie del cañón, son sólo dos ejemplos de que fuera de España no se margina a los periodistas más veteranos y, cuando se hace, la polémica está servida.
Este fue el caso de la BBC, la cadena pública británica, que este verano sustituyó a dos periodistas y presentadoras de 59 y 65 años -la probabilidad de que una mujer siga en activo a esa edad en nuestro país es nula- por otras más jóvenes. La decisión provocó, no sólo las quejas de miles de televidentes, sino incluso que la propia vicepresidenta del Partido Laborista y ministra para la Igualdad, Harriet Harman, interviniera en la Cámara de los Comunes para reclamar la vuelta de esas mujeres.
Pero si ésta es la situación en Europa, “zapeen” por las cadenas norteamericanas, donde desde la CNN, hasta Fox News, pasando por la CNBC están plagadas de canas. Quizás el personaje en activo más destacado es Larry King, que a punto de cumplir 76 años sigue presentando en CNN su programa nocturno de entrevistas “Larry King Live”. Más jóvenes, pero cerca ya de la edad de jubilación en España, son David Letterman, que a sus 62 años es una de las principales estrellas de la CBS, donde dirige y presenta “The late show with David Letterman”, y Bill O'Reilly, que con 60 años es figura destacada del canal Fox News con su programa “The O'Reilly Factor”, que tiene también una versión radiofónica.
Un caso paradigmático fue el de Robert Novak, fallecido este mes de agosto a causa de un cáncer cerebral, y que sólo se retiró un año antes, en 2008, con 77 años, para luchar contra su enfermedad. Hasta ese momento, no sólo trabajaba en la CNN, sino que mantuvo una columna de opinión en distintos diarios durante 45 años.
En España, sin embargo, este personalismo que caracteriza a los presentadores y conductores de programas en otros países no encaja con el estilo a que estamos acostumbrados. El tradicional busto parlante de los informativos españoles se ajusta más a una cara joven y bonita, que apenas se sale del guión más que para, en contadas excepciones, algún chiste preparado. Antena 3 TV lo intentó, a principios de los noventa con José María Carrascal, que, recién llegado de Estados Unidos, aportó un estilo similar al de los programas de aquel país. Sin embargo, pronto fue sustituido. Más tarde, Telemadrid intentó otro informativo “personal”, siempre en horario nocturno, con Germán Yanke -54 años- primero y con Sánchez Dragó -a punto de cumplir los 73- después. En ambos casos, se volvía al estilo norteamericano de mezclar información y opinión y, en ambos casos, le llovieron las críticas al canal público madrileño pese a tener no pocos seguidores.
Y es que, está claro que en lo que al mundo de los informativos de televisión se refiere, España no es país para viejos.

lunes, 21 de septiembre de 2009

De tedetés de pago, guerras mediáticas y diarios vergonzantes

Mientras en medio mundo los propietarios de periódicos se devanan los sesos para encontrar la receta mágica con la que, no sólo salir de la crisis, sino lograr que el papel siga existiendo en plena vorágine internauta, aquí todavía usamos los diarios impresos para emprender guerras mediáticas y tratar de medrar un poco más.
Mientras franceses, ingleses o estadounidenses adoptan medidas de todo tipo, exitosas o no, para dar una vuelta de tuerca más al negocio de la Prensa, aquí andamos utilizando los editoriales y las columnas de opinión como altavoz panfletario sobre tedetés, pagos por derechos futbolísticos y coacciones gubernamentales.
En este país de imbéciles en el que los medios están en manos de aspirantes a poderosos, de pseudoperiodistas con ínfulas de políticos, los periódicos sólo sirven para que los cebrianes y los roureses se peleen por ver quién influye más, quién logra más prebendas del poder y quién se codea más con quién. Mientras, los terceros en discordia, los voyeurs de gustos exuperantes, llenan páginas de opinión mostrando su gozo por el mero hecho de ver al enemigo herido, aunque se cambiaría mil veces por él. Los planetarios, por su parte, con diario también en los quioscos, miran para otro lado sin saber muy bien qué carta jugar.
Ójala nadie diera un duro por ver fútbol en casa. El que quiera circo, que vaya al circo.
Qué vergüenza de panorama, qué vergüenza de medios de comunicación...

domingo, 13 de septiembre de 2009

Calidad frente a cantidad

"La noticia como género será menos habitual y habrá más reporterismo"


A estas alturas, ya nadie duda de que detrás de la grave situación que vive la Prensa no está sólo la crisis, sino que hay un cambio de modelo, una ruptura respecto de los esquemas clásicos. Sin embargo, de esta situación ya parecen haberse dado cuenta en la mayoría de los países de nuestro entorno -aunque no en España-, donde se están dando pasos para tratar de dar con la clave, no sólo de la supervivencia, sino del nuevo modelo de periodismo impreso.
El debate está ahí y, en muchos casos, se llevan años buscando soluciones. ¿Cómo convivir con Internet?, ¿pasa la solución por aunar esfuerzos con las web o por competir con ellas? Lo que parece claro es que tratar de luchar contra los diarios online haciendo lo mismo, es una batalla perdida. Por eso, la clave es el vañor añadido, “la valeur ajoutée” que dirían nuestros vecinos franceses, que iniciaron este debate hace años y que, acertadas o no, vienen, desde hace años, tomando medidas para seguir ahí.
La pasada semana, “Le Monde” publicaba un artículo que ponía el acento en que los periódicos impresos deben basar su futuro en la diferenciación con los digitales. “En el caso de Internet, un diario no sigue la actualidad, la hace”, asegura Laurent Joffrin, director del también diario francés “Liberation”. “Nuestro única oportunidad de sobrevivir es reforzar los fundamentos de nuestro oficio: encuestas, profundización, buscar ángulos a las informaciones que no se encuentren en otros lugares...”. Otra de las claves de los nuevos diarios en papel será “la selección de las noticias y su jerarquización”, explica Joffrin, cuyo periódico ha acometido un profundo cambio para adaptarse a estos principios.
El concepto de selección y jerarquización abre otro debate: ¿cantidad o calidad? Hasta hace unos años, los periódicos impresos eran los únicos que podían recoger en sus páginas gran cantidad de noticias que en otros medios se quedaban fuera. Sin embargo, ahora, con Internet, esa guerra no sólo está perdida, sino que es absurda. Entonces, ¿para qué obsesionarnos con tratar de incluir en unas pocas páginas un montón de pequeñas noticias, la Bolsa, la cartelera...? La clave, según los franceses, es la selección, apostar por un tema y abordarlo en profundidad -dos o tres páginas- con gráficos, fotografías, opiniones...
Esta opción es también la elegida por otro de los grandes periódicos franceses, “Le Figaro”, que el próximo 21 de septiembre pondrá en la calle su nuevo aspecto, en el que las claves son “la valeur ajoutée” y la selección de las informaciones, lo que supondrá entre un cinco y un diez por ciento menos de contenido redaccional. Según Etienne Mougeotte, director de redacción, se trata de jerarquizar, de hacer “una distinción entre lo esencial y lo accesorio”.
En esta misma línea se expresaba recientemente Alfonso Sánchez-Tabernero, profesor en la Facultad de Comunicación de la Universidad de Navarra y uno de los principales expertos de empresas periodísticas de nuestro país, que aseguraba que tenía claro que “los datos, los hechos, las cotizaciones de bolsa, lo que puedo buscar en Google no tiene interés. Sí lo tiene el análisis, la interpretación, la opinión, la creatividad, la anticipación. Por eso creo que la prensa va a estar más basada en el talento que en la cantidad. La noticia como género será menos habitual y habrá más reporterismo”.
Por eso, no deja de extrañar que en nuestro país, se siga apostando aún por la cantidad -bien es acierto que no siempre en detrimento de la calidad- y para ello basta comparar la paginación de nuestros periódicos y la de los principales diarios europeos que, salvo excepciones hechas como los suplementos dominicales, rara vez van más allá de 64 páginas. Y es que el papel también cuesta dinero. Mucho dinero, con el que se podría pagar a más y mejores periodistas.

miércoles, 29 de julio de 2009

O los diarios se adaptan a los nuevos tiempos o desaparecerán

La explosión de una furgoneta bomba a las cuatro de la madrugada del miércoles 29 de julio o la entrega del tipo que había asesinado a una niña en Vallecas a la mañana siguiente, ponen de manifiesto, una vez más, uno de los talones de Aquiles de los periódicos: el desfase entre el momento en que se producen los acontecimientos y la llegada del diario a las manos del lector. Especialmente en los tiempos que corren, en la que la radio, la televisión y, especialmente, Internet nos permiten vivir las noticias en directo, es ridículo que las portadas de los periódicos del 29 de julio de 2009 estén protagonizadas por temas distintos de la explosión del coche bomba de Burgos, cuando el resto de medios están abriendo todos sus informativos y ediciones digitales con el atentado. Máxime, cuando la noticia no estará en los quioscos hasta el jueves 30 de julio.
Es completamente ridículo mantener esta situación y, lo peor, es que las estructuras de los diarios siguen viviendo ajenas a esta realidad. Porque el problema no es ya este desfase, sino que nadie ha cambiado los esquemas de funcionamiento de las redacciones de los periódicos. En la mayoría de los casos, los diarios seguirán dando la información como si la gente no supiera lo que ha ocurrido.
Si el lector compra el periódico el jueves, dos días después de que sucedan los hechos, no espera que se le cuente de nuevo lo que ya sabe, sino que buscará un análisis, un algo más, un valor añadido que ningún otro medio "rápido" le vaya a dar precisamente por su apego al directo.
Pero los directores, los responsables de los diarios, y muchos redactores, siguen sin haber adaptado sus mentalidades a los tiempos que corren. Siguen anclados en el pasado, en el viejo periodismo, en teclear la información en el hueco estipulado, poner un pie de foto y si te he visto no me acuerdo. No aportamos nada, no añadimos nada, no somos capaces de dar una vuelta de tuerca más a la información, de analizar, interpretar -que no opinar-.
Y todavía nos extraña que las ventas de los periódicos caigan de forma continua. Las soluciones no hay que buscarlas en las promociones ni en los cambios de caras. Mover las fichas, si éstas son las mismas, no tiene sentido. O revolución o muerte. Y será muerte.

domingo, 26 de julio de 2009

Creadores de realidad

¿Informadores o creadores de realidad? ¿Informamos de lo que sucede o sucede sólo aquello de lo que informamos? Sería difícil responder a estas preguntas, pero no cabe duda de que para la mayoría de la gente la realidad, más allá de su entorno personal, se basa en lo que le llega a través de los medios de comunicación, fundamentalmente la televisión. Las cosas existen o no en función del eco mediático que tengan y, por tanto, existen o no en función de que los medios quieran que existan. Si tenemos en cuenta los intereses mezquinos y puramente mercantilistas que mueven a los medios, no nos ha de extrañar que la realidad que damos a conocer sea también mezquina y mercantilista.
Guste o no reconocerlo, elegimos los temas de los que informamos en función de parámetros que, en muchos casos, poco o nada tienen que ver con los intereses reales de la gente. La mayoría de las noticias y su enfoque se eligen por intereses políticos y económicos del propio medio -no debemos olvidar que, al fin y al cabo, son empresas y su principal objetivo es ganar dinero y medrar-. Muchas informaciones aparecen en los diarios o en los informativos sólo si son escabrosas o morbosas, razón por la cual los sucesos ocupan cada vez más espacio.
Y con la misma actitud mezquina con la que se eligen, se abandonan para recoger carnaza nueva. Sangre, sufrimiento, dolor, catástrofe, muerte... Eso es lo que vende y eso es lo que damos. Material para seguir vendiendo y sobrevivir. Y la crisis no hace sino exacerbar esta situación. Todo vale para subsistir porque, al fin y al cabo, todos los periodistas comemos de esta situación. Y si nosotros no lo hacemos, otro lo hará, y por menos dinero.
Así son las cosas, como diría el desaparecido Walter Cronkite.

domingo, 12 de julio de 2009

Morbo, sanfermines y amarillismo

Ha muerto un joven en sanfermines y ha sido portada en todos los periódicos nacionales. Además, por si fuera poco, salvo alguna honrosa excepción -muy discutida internamente, todo hay que decirlo- todos han apostado por dar las imágenes más escabrosas e, incluso, alguna televisión ha decidido ofrecer las imágenes de la cogida gravadas por un videoaficionado ralentizadas y repetidas hasta el aburrimiento.
Pero no, no nos hemos contentado con eso. También le hemos dedicado páginas interiores y, un día después, nos hemos volcado con el entierro, las reacciones de los familiares...
Si esto no es amarillismo, que baje Dios y lo vea. Pero, ¿qué nos ocurre?, ¿qué tiene de interesante, más allá de recoger la noticia, que un tipo que se pone delante de un toro de forma voluntaria sea corneado y resulte muerto? Pues muy bien, mala suerte. ¿Cuánta gente muere en este parís al cabo del día en accidentes laborales, en accidentes de tráfico, ahogados, electrocutados o hendidos por un rayo? ¿Qué tiene éste de especial? ¿Sólo porque se trata de los sanfermines, sólo porque hay imágenes? ¿Realmente nos importa lo que piensen los amigos o la familia de un tipo cuyo mérito ha sido jugarse la vida absurdamente delante de un toro? ¿Por qué no hacer lo mismo con todos y cada uno de los que resultan muertos por caerse de un andamio o por ser atropellados por un conductor borracho o porque un kamikaze se ha empotrado contra ellos mientras circulaban tranquilamente por la autopista?
No lo entiendo. No sé que hago en esta profesión. Porque lo he comentado y mis compañeros me han mirado raro. Pero no sólo somos nosotros, los periodistas, porque, que levante la mano quien no consuma carnaza. ¿Quién no ha visto el vídeo?
¿Y todavía nos extraña el mundo en que vivimos? No, si luego será la Play Station la que genere violencia en los niños. Tócate los cojones.

jueves, 2 de julio de 2009

Objetividad y politización en los medios

Hace ya algún tiempo, un amigo me preguntó, con la mejor de las intenciones pero desde la ingenuidad más absoluta, si creía posible la objetividad en los medios de comunicación. La verdad es que no me lo pensé más que un par de segundos y le contesté que no, que no creía ni en la de los medios ni en la de los periodistas y que, de hecho, ni siquiera creía en la objetividad como tal, al menos en su sentido kantiano de validez universal.
Me ha venido esta vieja conversación a la memoria tras comprobar la apasionante discusión que ha generado un vídeo en el que se hablaba de este tema, colgado en el perfil de Facebook del director de marketingdirecto.com, Javier Piedrahita. Y todo venía porque el director de un diario nacional reconocía que los medios están muy politizados. ¡Pues vaya descubrimiento!
Evidentemente, la politización de los medios –y la consecuente toma de partido por unas posturas u otras– es incompatible con la objetividad. Desde un punto de vista periodístico, esta premisa debería ser inaceptable, pero ¿desde cuándo periodismo y política discurren por caminos separados? De hecho, es precisamente la baza política, junto a la de los valores sociales –aborto, eutanasia, educación...– la que marca distancias entre unos medios y otros y la que, lógicamente, hace a los lectores optar por unos u otros.
¿Es acaso posible la objetividad –entendiéndola como equidistancia– ante determinados asuntos? No digo que no, pero es posible que fueran los lectores, las audiencias, las que demandarían una toma de postura. No debemos perder de vista que sería absurdo elaborar informaciones desde una supuesta imparcialidad para un público que sí es parcial, que sí mantiene una determinada postura ante la mayoría de los temas.
Pero volviendo a la politización, Piedrahita se queja de que los medios de nuestro país dan demasiadas noticias relacionadas con la política y «lo están pagando. La audiencia les da la espalda. Nada que ver con los medios alemanes que sí tienen en cuenta los intereses reales del ciudadano de hoy. Otro mundo», afirma.
No sé si es cierto que los lectores estén dando la espalda a los medios –aunque la tendencia de la difusión de la prensa es ligeramente descendente en los últimos años, creo que se debe más a otras razones–, pero sí estoy de acuerdo en que buena parte de las noticias que ofrecen los medios están muy lejos de los intereses reales de la gente.
Sin embargo, también cabe dilucidar hasta qué punto esa parte de la población cuyos gustos están lejos de las noticias políticas son compradores de periódicos. Apenas compra prensa diariamente uno de cada diez españoles –se venden poco más de cuatro millones cada día– y parte de ellos eligen uno de información deportiva. Ante esta situación, ¿se deben pensar los diarios para el conjunto de la población o sólo para aquellos que son lectores? Y, optando por esta segunda premisa, ¿pensando en todos los lectores o ajustándonos al perfil de quien elige nuestro medio? Si tenemos en cuenta que la mayoría de los compradores de periódicos lo hacen en función de la tendencia ideológica –ya sea política, ya sea de principios y valores– de cada medio, ¿qué ocurriría si de repente todos tratásemos de ser objetivos, imparciales y equidistantes?, ¿No podría, eso sí, alejar a los lectores de los periódicos? Es más, ¿estaría alguien dispuesto a pagar 1,10 euros por un periódico realmente objetivo y encontrarse noticias contrarias a su manera de pensar, a sus valores, a sus principios, a sus convicciones? Yo creo que, mal que nos pese a muchos, la respuesta es no.