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lunes, 7 de febrero de 2011

AOL y The Huffington Post o de cómo el pez grande (casi) siempre se come al chico

La compra de The Huffington Post por parte de AOL no es sólo una operación económica dentro del actual panorama mediático, sino que es también un síntoma evidente de hacia dónde se dirige el negocio de la comunicación. 
La web que fundara en 2005 Arianna Huffington junto con otros socios y de la que es editora jefe se ha convertido en estos años en un ejemplo del periodismo del futuro, sin ataduras con los medios tradicionales, sin herencias del pasado, sin grandes grupos detrás… Es decir, se trata de un proyecto surgido de la iniciativa personal de un grupo de profesionales que demostraron que se pueden hacer grandes cosas en el periodismo digital viniendo prácticamente de la nada en un periodo corto de tiempo. Y todo a base de un buen trabajo –no siempre exento de polémica- que ha reportado a  “The Huffington Post” una imagen de marca y un prestigio en la profesión, que respaldan sus más de 25 millones de usuarios al mes.

¿Que por qué un gigante venido a menos como AOL decide comprar una web como “The Huffington Post”? Pues, precisamente, porque le aporta lo que le falta: ese prestigio periodístico, ese renombre y esos contenidos de calidad que, actualmente, no han logrado obtener por otros medios. Si AOL ha pagado más de 231 millones de euros por este medio de comunicación online ha sido por la calidad, y no por la cantidad, pues los usuarios que le aportara la web de Arianna Huffington son apenas un 10% del total del grupo a nivel mundial.

¿Qué le aporta a sus propietarios la venta de “The Huffington Post” a AOL? Pues, además de una más que suculenta cantidad de dinero, la posibilidad de darle dimensión a un proyecto que se les estaba quedando pequeño. Había planes de expansión, idea de aumentar las secciones informativas, los contenidos… Pues bien, con este espaldarazo crecerá hasta convertirse en la web de noticias de ámbito global que siempre quiso ser y poder competir, de tú a tú, con las ediciones digitales de los grandes medios tradicionales como “The New York Times”, CNN o FOX.
Además, este acuerdo también otorga a Arianna Huffington un inmenso poder, pues pasará a dirigir una compañía de nueva creación, bautizada en principio como The Huffington Post Media Group, que englobará tanto los contenidos que generaba hasta ahora “The Huffington Post” como los de la propia AOL, de modo que será ella quien marque la línea editorial de este grupo resultante. 

Y, por último, ¿qué supone para el panorama mediático este acuerdo? Pues, evidentemente, vuelve a poner de manifiesto que, al final, como siempre, el pez grande se come al chico. Está claro que aunque el grupo resultante de la fusión esté dirigido por la fundadora de “The Huffington Post”, su margen de maniobra a la hora de informar será mucho menor, pues los intereses económicos y políticos que convergen en un gigante como AOL son muchos. Por tanto, está claro que el periodismo independiente pierde un referente –por mucho que se pudiera no estar de acuerdo con el trabajo que realizaba esta web-, y supone también un aviso para navegantes.

Aun así, todavía sobreviven iniciativas que, desde el planteamiento de que otro tipo de periodismo es posible, se mantienen fieles a un compromiso de independencia, como es el caso de ProPublica –web de periodismo de investigación sin ánimo de lucro- en Estados Unidos o Mediapart.fr en Francia –que se define como un periódico online independiente creado por periodistas y controlado por sus creadores-, por poner sólo dos ejemplos. Lo que hace falta es que consigan mantenerse así.

lunes, 15 de noviembre de 2010

Los contenidos digitales, un sector de futuro

Si hay un sector con futuro en España, ese es el de los contenidos digitales, a pesar de que la crisis también le pasó factura el pasado año, cayendo su facturación un 5,3% respecto de 2008, según el Informe de Contenidos Digitales de Asimelec 2010, que analiza los distintos segmentos que conforman esta industria, y que la patronal ha elaborado por tercer año consecutivo. Con todo, el volumen de negocio alcanzó los 20.591 millones de euros.

Según el citado informe, a excepción de los segmentos de consumo de distintos servicios por Internet, la taquilla de cine y la industria editorial, todos los demás sectores experimentan descensos. Caen especialmente los ingresos por suscripciones a televisión de pago (-2,6%), por ser la primera vez que lo hace en cinco años, al igual que el de la industria de los videojuegos en soporte físico, cuyos ingresos por ventas en España fueron de 638 millones de euros en 2009, un 14,2% menos respecto al año anterior.

Otro de los mercados que ha sentido la crisis es el de la música, una tónica que se viene repitiendo a lo largo de los últimos años. Así, los conciertos experimentaron un recorte del 8,4% en 2009; esto es especialmente significativo, habida cuenta que la música en directo era la única rama del negocio que había seguido creciendo pese al descenso de la compra de discos. Por contraste, en este mismo segmento, los smartphones –teléfonos móviles “inteligentes”- han crecido un 91,9% como dispositivos para oír música, provocando el derrumbe de los MP3 y MP4, que caen un 31,5% y un 24%, respectivamente.

Por su parte, la industria del libro y las redes sociales mantienen crecimientos. En el mercado editorial, el libro electrónico se consolida como complemento al negocio tradicional y puede que esta campaña navideña logre su espaldarazo definitivo como producto de masas. De ahí, el nacimiento de plataformas como Libranda o Enclave. A este respecto, y a falta de datos de 2009, en 2008 se inscribieron 12.514 ISBNs de libros en formato electrónico, un 55,2% más que en 2007.

Por último, cabe destacar la mala situación que atraviesa la prensa escrita. El informe indica que sufre una grave crisis, provocada por los insatisfactorios resultados del pago por acceso a contenidos a través de Internet y la todavía leve acogida de los servicios de distribución de prensa online en e-book. En lo que se refiere a los ingresos por venta de ejemplares, el descenso fue contenido, un 5,6%.

Y para analizar la situación del sector se celebra en Madrid a partir de mañana, día 16, y hasta el miércoles 18, la cuarta edición del Foro Internacional de Contenidos Digitales (Ficod), que se desarrollará en el Palacio Municipal de Congresos de Madrid. Organizado por el Ministerio de Industria, el certamen reunirá a más de 15.000 profesionales de todo el mundo, 120 empresas colaboradoras y 200 ponentes.

Durante estos tres días, el Foro se convertirá en la gran cita de los profesionales de la televisión, la publicidad, el cine, la música, los videojuegos, la animación, las publicaciones digitales, la formación online, el periodismo digital y la publicidad interactiva. Una cita imprescindible para todos los actores del mercado, que intercambiarán experiencias y estudiarán los nuevos desafíos de futuro.

En esta edición se analizará, entre otras cosas, la transición de los modelos tradicionales de negocio, basados en soportes físicos, hacia nuevos modelos basados en la distribución online. Así, estarán presentes muchos de los protagonistas de casos de éxito de empresas online, que han asumido el liderazgo del mercado con iniciativas disruptoras. Un ejemplo es el sector de los medios digitales, donde las inversiones crecieron más de un 20% en el primer semestre del año en España, hasta alcanzar los 377 millones de euros.

martes, 18 de mayo de 2010

El futuro de los medios, el director de “The Whasington Post” y el triste panorama español


“No basta con llenar nuestro periódico con las noticias de ayer. Tenemos que aportar un contexto: análisis, perspectivas, comentarios. Grandes reportajes de investigación. Incluso textos que no se publicarían en ningún otro lado. Hay cada vez más informaciones fácilmente accesibles, pero es cada vez más difícil estructurarlas. La gente busca faros establecidos para poder orientarse con ellos”. Estas declaraciones, sacadas de la entrevista con Marcus Brauchli, director de The Whasington Post, publicada el domingo por “El País”, me parece que resumen a la perfección hacia dónde debe ir la prensa escrita en los tiempos de Internet.

Brauchli hace un análisis claro y contundente del panorama actual de los medios y, especialmente, de los diarios en papel, que sufren quizás la mayor crisis de su historia. Porque, como asegura, se da la paradoja de que “llegamos a mucha más gente que nunca, aunque haya caído la circulación de nuestra edición impresa”. Y es que, la clave de la subsistencia es saber cómo aprovechar esta coyuntura, cómo sacarle partido al hecho de que, pese a que los diarios tienen más lectores de los que habían tenido nunca, en sus diferentes soportes, los ingresos caen en picado pues la única fuente de entrada de dinero, el papel, se tambalea.

¿Volvemos al debate del cobro por contenidos? Pues es inevitable. Para Brauchli, la gente “está dispuesta a pagar por las informaciones en Internet”, aunque eso, en la práctica está todavía por ver como alternativa real. Y en cuanto al futuro del papel, a su pervivencia como soporte informativo, el director del Post explica que “los periódicos perderán influencia, las tiradas están sometidas a una gran presión, pero en el futuro el papel seguirá teniendo una función importantísima. Además, tampoco creo que el futuro del periodismo dependa de la supervivencia de sus antiguas instituciones. Nuestra nostalgia por los periódicos no puede enturbiarnos la visión de futuro ni de cómo haremos el periodismo de aquí en adelante”.

Sin embargo, al menos en nuestro país, son muchos los directores de diarios que no parecen tener las ideas ni siquiera la mitad de claras que Brauchli. Es más, lo peor es que algunos ni siquiera tienen ideas y se limitan a dejarse llevar por la corriente. Que a estas alturas existan en nuestro país responsables de medios de comunicación que prácticamente no sepan, más que de oídas, qué son las redes sociales, que no sientan el más mínimo interés por tener su propio blog, por explorar el enorme potencial de Internet, que incluso vean las ediciones online de sus diarios casi como una competencia, más que como una parte integral de su redacción, es, no sólo triste, sino estremecedoramente esclarecedor de por qué algunos diarios están como están.

viernes, 30 de abril de 2010

Internet no sólo acabará con el papel, acabará con los periódicos.

El Ipad parece haberse convertido, pese a que tan sólo ha comenzado su venta en Estados Unidos, en el clavo ardiendo que muchos estaban esperando. Su aparición, su mera existencia, ha sido vista por numerosos empresarios de medios de comunicación, especialmente de prensa, como esa luz al final de un túnel oscuro y largo cuyo fin ni siquiera se vislumbraba.

Todos los grandes diarios preparan sus propias versiones para el dispositivo de Apple convencidos de que ha de convertirse en una especie de estándar del soporte online. Ya imaginan a cada ciudadano con su Ipad leyendo el periódico en el metro o el autobús o haciendo los crucigramas mientras desayunan. Sin embargo, depositar tantas esperanzas en un aparato cuyo éxito es más de imagen que de ventas –el iPhone es un fenónemo sociológico, pero no es, ni de lejos, el móvil más vendido-, es, cuanto menos, arriesgado, fundamentalmente porque el problema de la prensa no es de lectores, sino de ingresos.

De nada servirá que todo el mundo lea su diario en un tablet, en un ebook o en el móvil si al final no paga por ello. Y es que, Internet no sólo va a acabar, tarde o temprano, con el papel, sino con los propios medios de comunicación. Las ventas de todos los grandes diarios españoles caen sistemáticamente desde hace años, mientras que aumentan sus lectores en la red. Llegará un momento que imprimir esos periódicos y hacerlos llegar cada mañana a miles de puntos de ventas en toda España sea una empresa imposible de mantener económicamente pues, aunque el número de ejemplares vendidos caiga, es difícil reducir la red de distribución. ¿Compensarán las ediciones digitales esa caída de ingresos? Sin lugar a dudas, no.

El único medio de hacer rentables las ediciones online sería que cada internauta pagará un precio por consultar el periódico. Si eso no ocurre –y no ocurrirá-, podrán El País o El Mundo mantener sus estructuras redaccionales en pie y seguir dando la información de calidad que ahora dan. Podrán ABC o La Razón tener decenas de periodistas con los únicos ingresos de la publicidad en sus ediciones online. No.

Encontrarán estos periódicos un número de internautas dispuestos a pagar por la edición online equivalente al número de lectores que compran la edición en papel. No. Y, además, no olvidemos que estamos en España, uno de los países donde la piratería y la picaresca están a la orden del día. No será suficiente con que una parte de los contenidos sea de pago, porque ya encontrarán la manera de acceder gratis.

No, en realidad Internet para lo único que servirá es para que los grandes diarios dejen de existir, al menos tal y como ahora los conocemos. Porque mantener una redacción con cientos de periodistas y fotógrafos sólo con los ingresos generados por la publicidad en Internet será imposible, con lo que al final, o desaparecerán o se verán obligados a reducir sus plantillas, a reducir noticias propias, a reducir fotografías propias, a reducir infografías y a hacer un uso masivo de las agencias, las mismas que nutren al resto de medios. Es decir, todos llevarán las mismas fotos, las mismas informaciones… algo que, en menor medida, ya ocurre hoy en día.

Pero es lo que hay.

lunes, 1 de marzo de 2010

Reciclaje para los periodistas, sí o sí

Hace un par de semanas, un juez daba el visto bueno judicial a los planes de EFE de poner en marcha una redacción unificada, de modo que cualquier redactor de la agencia estatal elaborará sus contenidos en cualquier formato, es decir, tanto para los soportes “tradicionales”, como para los digitales. Pese al malestar que haya podido causar esta sentencia entre los trabajadores, marca la senda de lo que deberá ser –si no lo es ya- el trabajo de los periodistas en el futuro más inmediato.

Más allá de debates absurdos y ya superados, la realidad es la que es. Hoy en día, la gente se informa mayoritariamente a través de Internet y el papel ha pasado a un segundo plano. Y cuando digo se informa me refiero a tener la primera noticia de lo que está ocurriendo, no a la interpretación de los hechos, la explicación, la puesta en antecedentes o el análisis, que eso sí se busca en los periódicos impresos. No perdamos de vista que, actualmente, cuando un diario sale a la calle, las noticias que ofrece son antiguas.

Entonces, si esto es un hecho incuestionable, ¿por qué los periodistas –y no necesariamente los de más edad- nos empeñamos en seguir comportándonos como si viviéramos ajenos a esta realidad?, ¿por qué seguimos escribiendo como si estuviéramos dando a conocer una información en lugar de hacerlo teniendo en cuenta que el hecho, el sujeto informativo, ya es conocido y deberíamos estar ofreciéndole un valor añadido?, ¿por qué seguimos titulando como si informáramos, y no como si explicáramos o interpretáramos?

Somos los propios profesionales los que debemos reciclarnos y adaptarnos. No vale con lamentarse. No vale ver cómo bajan las ventas de ejemplares y mirar para otro lado, como si la culpa fuese de la empresa, de la competencia o de “los jóvenes, que ya no leen”. No nos engañemos, los jóvenes sí leen, leen más que nunca, lo que no hacen es comprar periódicos, que es distinto. Y si no lo hacen, quizás sea también porque no encuentran lo que buscan, es decir, porque ya saben qué ha ocurrido por otros medios, y quieren saber por qué ha ocurrido, si va a volver a ocurrir…

En demasiadas ocasiones, los periodistas miramos a Internet, en el mejor de los casos, como una herramienta que facilita nuestro trabajo y, en el peor de los escenarios, como a un enemigo, como a una competencia desleal, y eso incluye, muchas veces, a las versiones digitales de nuestro propios periódicos.
Por el bien de todos, esas redacciones integradas deberían ser la nota común y eso quiere decir que cualquiera elabore una crónica para la edición digital en cualquier momento –sin necesidad de esperar a la noche para el cierre de la edición impresa-, comente un consejo de ministros o un partido de fútbol para el “Twitter” del medio o anime un debate sobre el tema del día en el perfil de Facebook. O somos capaces de ser multiplataforma, o no seremos nada.

Y esa integración pasa, primero, por el reconocimiento de que es necesaria, de que no hay otra más que remar todos en la misma dirección; segundo, por comprender que hay que abrir nuevos horizontes, y, tercero, por entenderlo como un reto personal, como un nuevo impulso profesional motivador y, por qué no, divertido. Eso sí, quizás nos obligue a reciclarnos de verdad –algo que ocurre en casi todas las profesiones y que los periodistas pocas veces hacemos-, es decir, a volver a aprender a escribir para los nuevos soportes, a conocer las herramientas necesarias para ello, a editar un vídeo o a retocar una foto. Es más, puede que eso sea nuestra tabla de salvación.

miércoles, 29 de julio de 2009

O los diarios se adaptan a los nuevos tiempos o desaparecerán

La explosión de una furgoneta bomba a las cuatro de la madrugada del miércoles 29 de julio o la entrega del tipo que había asesinado a una niña en Vallecas a la mañana siguiente, ponen de manifiesto, una vez más, uno de los talones de Aquiles de los periódicos: el desfase entre el momento en que se producen los acontecimientos y la llegada del diario a las manos del lector. Especialmente en los tiempos que corren, en la que la radio, la televisión y, especialmente, Internet nos permiten vivir las noticias en directo, es ridículo que las portadas de los periódicos del 29 de julio de 2009 estén protagonizadas por temas distintos de la explosión del coche bomba de Burgos, cuando el resto de medios están abriendo todos sus informativos y ediciones digitales con el atentado. Máxime, cuando la noticia no estará en los quioscos hasta el jueves 30 de julio.
Es completamente ridículo mantener esta situación y, lo peor, es que las estructuras de los diarios siguen viviendo ajenas a esta realidad. Porque el problema no es ya este desfase, sino que nadie ha cambiado los esquemas de funcionamiento de las redacciones de los periódicos. En la mayoría de los casos, los diarios seguirán dando la información como si la gente no supiera lo que ha ocurrido.
Si el lector compra el periódico el jueves, dos días después de que sucedan los hechos, no espera que se le cuente de nuevo lo que ya sabe, sino que buscará un análisis, un algo más, un valor añadido que ningún otro medio "rápido" le vaya a dar precisamente por su apego al directo.
Pero los directores, los responsables de los diarios, y muchos redactores, siguen sin haber adaptado sus mentalidades a los tiempos que corren. Siguen anclados en el pasado, en el viejo periodismo, en teclear la información en el hueco estipulado, poner un pie de foto y si te he visto no me acuerdo. No aportamos nada, no añadimos nada, no somos capaces de dar una vuelta de tuerca más a la información, de analizar, interpretar -que no opinar-.
Y todavía nos extraña que las ventas de los periódicos caigan de forma continua. Las soluciones no hay que buscarlas en las promociones ni en los cambios de caras. Mover las fichas, si éstas son las mismas, no tiene sentido. O revolución o muerte. Y será muerte.

martes, 17 de febrero de 2009

Periodismo trasnochado

Sólo mirando atrás somos conscientes de hasta qué punto ha evolucionado el trabajo de los periodistas en los últimos 10 ó 15 años, tras la llegada de Internet o de los móviles. Y es que, más allá de los cambios en cuanto a la forma de trabajar, los más importantes están afectando al fondo de la profesión, están socavando los cimientos de un edificio levantado sobre viejas estructuras que, si bien han dado estabilidad durante más de un siglo, hoy en día no son capaces de sujetarlo con firmeza.

Los grandes grupos de comunicación, ya sean de Prensa, radio o televisión, asisten a una erosión lenta pero inexorable de sus medios tradicionales. Efectivamente, todos –aunque unos más que otros- han apostado por la red, por llevar sus contenidos a Internet, “por estar ahí”.

Sin embargo, en la mayoría de los casos sigue fallando la base, y es que las riendas del periodismo todavía las llevan profesionales nacidos y criados en el negocio tradicional, para los que la red es más un invento del demonio, un juguete que se les escapa de las manos, un dolor de cabeza, que un medio en sí mismo. Por eso, hasta que no se produzca un cambio generacional, hasta que quienes han mamado Internet no sean los responsables de los medios, no seremos conscientes del alcance de esta revolución que, aunque no ha sido un tsunami arrasador, como muchos vaticinaron, sí ha venido para quedarse y no tiene vuelta atrás.

Y serán esos jóvenes de ahora los que en el futuro le den la vuelta al calcetín del periodismo. Porque, en el fondo, si analizásemos realmente nuestro trabajo, si nos parásemos a repensar qué hacemos cada día, nos daríamos cuenta de que gran parte de nuestras tareas son estériles e inútiles, cuando no poco profesionales.

Hasta que llegó Internet, hasta que todo el mundo tuvo acceso a toda la información, buena parte del trabajo de los periodistas era el de hacer de intermediarios entre la fuente y el público, entre el emisor y el receptor. Nosotros sólo éramos el canal. Pero eso ya no es así. Si yo deseo saber cuál va a ser el diseño de una plaza, qué trazado tendrá una carretera, los resultados de la última encuesta del INE o los datos de desempleo, me bastará con entrar en la web de mi ayuntamiento, del Ministerio de Fomento, del INE o del organismo que corresponda para acceder a todos los datos de primera mano. Y además encontraré la misma nota de prensa, íntegra, que los medios han colgado casi tal cual, el mismo fotomontaje que han reproducido sin apenas retoques o las tablas estadísticas completas que no han podido publicar por falta de espacio.

¿Cuántas noticias son realmente de elaboración propia? Realmente el "cortapeguismo" es la mayor enfermedad de la profesión en los tiempos que corren ¿No deberíamos dedicar nuestros esfuerzos a otras tareas que aporten al lector algo realmente novedoso, algo que no sepa? Olvidamos con demasiada frecuencia que los diarios aparecemos muchas veces más de 24 horas después de que se haya producido una noticia y que, para entonces, todo el mundo sabe lo que nosotros les estamos contando. ¿Sirve para algo rellenar páginas para decirles a los lectores lo que ya saben? ¿Si lo hacemos así, no se sentirán engañados?

El público que compra un diario deportivo los lunes, no lo hace para saber los resultados de los partidos, porque los conoce de sobra; ni siquiera para leer cómo se ha desarrollado el partido, sino para que lo analicemos. Eso mismo, entre otras cosas, deberían hacer los diarios de información general.

Y es que, para algunos gurús de esto del nuevo periodismo, las tareas de un periodista deberían ser investigar y controlar; presentar de forma simple asuntos complejos; identificar tendencias, anticiparlas y ponerlas en contexto; dialogar y moderar, y generar atención.

Periodismo trasnochado

Sólo mirando atrás somos conscientes de hasta qué punto ha evolucionado el trabajo de los periodistas en los últimos 10 ó 15 años, tras la llegada de Internet o de los móviles. Y es que, más allá de los cambios en cuanto a la forma de trabajar, los más importantes están afectando al fondo de la profesión, están socavando los cimientos de un edificio levantado sobre viejas estructuras que, si bien han dado estabilidad durante más de un siglo, hoy en día no son capaces de sujetarlo con firmeza.

Los grandes grupos de comunicación, ya sean de Prensa, radio o televisión, asisten a una erosión lenta pero inexorable de sus medios tradicionales. Efectivamente, todos –aunque unos más que otros- han apostado por la red, por llevar sus contenidos a Internet, “por estar ahí”.

Sin embargo, en la mayoría de los casos sigue fallando la base, y es que las riendas del periodismo todavía las llevan profesionales nacidos y criados en el negocio tradicional, para los que la red es más un invento del demonio, un juguete que se les escapa de las manos, un dolor de cabeza, que un medio en sí mismo. Por eso, hasta que no se produzca un cambio generacional, hasta que quienes han mamado Internet no sean los responsables de los medios, no seremos conscientes del alcance de esta revolución que, aunque no ha sido un tsunami arrasador, como muchos vaticinaron, sí ha venido para quedarse y no tiene vuelta atrás.

Y serán esos jóvenes de ahora los que en el futuro le den la vuelta al calcetín del periodismo. Porque, en el fondo, si analizásemos realmente nuestro trabajo, si nos parásemos a repensar qué hacemos cada día, nos daríamos cuenta de que gran parte de nuestras tareas son estériles e inútiles, cuando no poco profesionales.

Hasta que llegó Internet, hasta que todo el mundo tuvo acceso a toda la información, buena parte del trabajo de los periodistas era el de hacer de intermediarios entre la fuente y el público, entre el emisor y el receptor. Nosotros sólo éramos el canal. Pero eso ya no es así. Si yo deseo saber cuál va a ser el diseño de una plaza, qué trazado tendrá una carretera, los resultados de la última encuesta del INE o los datos de desempleo, me bastará con entrar en la web de mi ayuntamiento, del Ministerio de Fomento, del INE o del organismo que corresponda para acceder a todos los datos de primera mano. Y además encontraré la misma nota de prensa, íntegra, que los medios han colgado casi tal cual, el mismo fotomontaje que han reproducido sin apenas retoques o las tablas estadísticas completas que no han podido publicar por falta de espacio.

¿Cuántas noticias son realmente de elaboración propia? Realmente el "cortapeguismo" es la mayor enfermedad de la profesión en los tiempos que corren ¿No deberíamos dedicar nuestros esfuerzos a otras tareas que aporten al lector algo realmente novedoso, algo que no sepa? Olvidamos con demasiada frecuencia que los diarios aparecemos muchas veces más de 24 horas después de que se haya producido una noticia y que, para entonces, todo el mundo sabe lo que nosotros les estamos contando. ¿Sirve para algo rellenar páginas para decirles a los lectores lo que ya saben? ¿Si lo hacemos así, no se sentirán engañados?

El público que compra un diario deportivo los lunes, no lo hace para saber los resultados de los partidos, porque los conoce de sobra; ni siquiera para leer cómo se ha desarrollado el partido, sino para que lo analicemos. Eso mismo, entre otras cosas, deberían hacer los diarios de información general.

Y es que, para algunos gurús de esto del nuevo periodismo, las tareas de un periodista deberían ser investigar y controlar; presentar de forma simple asuntos complejos; identificar tendencias, anticiparlas y ponerlas en contexto; dialogar y moderar, y generar atención.