¿Informadores o creadores de realidad? ¿Informamos de lo que sucede o sucede sólo aquello de lo que informamos? Sería difícil responder a estas preguntas, pero no cabe duda de que para la mayoría de la gente la realidad, más allá de su entorno personal, se basa en lo que le llega a través de los medios de comunicación, fundamentalmente la televisión. Las cosas existen o no en función del eco mediático que tengan y, por tanto, existen o no en función de que los medios quieran que existan. Si tenemos en cuenta los intereses mezquinos y puramente mercantilistas que mueven a los medios, no nos ha de extrañar que la realidad que damos a conocer sea también mezquina y mercantilista.
Guste o no reconocerlo, elegimos los temas de los que informamos en función de parámetros que, en muchos casos, poco o nada tienen que ver con los intereses reales de la gente. La mayoría de las noticias y su enfoque se eligen por intereses políticos y económicos del propio medio -no debemos olvidar que, al fin y al cabo, son empresas y su principal objetivo es ganar dinero y medrar-. Muchas informaciones aparecen en los diarios o en los informativos sólo si son escabrosas o morbosas, razón por la cual los sucesos ocupan cada vez más espacio.
Y con la misma actitud mezquina con la que se eligen, se abandonan para recoger carnaza nueva. Sangre, sufrimiento, dolor, catástrofe, muerte... Eso es lo que vende y eso es lo que damos. Material para seguir vendiendo y sobrevivir. Y la crisis no hace sino exacerbar esta situación. Todo vale para subsistir porque, al fin y al cabo, todos los periodistas comemos de esta situación. Y si nosotros no lo hacemos, otro lo hará, y por menos dinero.
Así son las cosas, como diría el desaparecido Walter Cronkite.
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domingo, 26 de julio de 2009
domingo, 12 de julio de 2009
Morbo, sanfermines y amarillismo
Ha muerto un joven en sanfermines y ha sido portada en todos los periódicos nacionales. Además, por si fuera poco, salvo alguna honrosa excepción -muy discutida internamente, todo hay que decirlo- todos han apostado por dar las imágenes más escabrosas e, incluso, alguna televisión ha decidido ofrecer las imágenes de la cogida gravadas por un videoaficionado ralentizadas y repetidas hasta el aburrimiento.
Pero no, no nos hemos contentado con eso. También le hemos dedicado páginas interiores y, un día después, nos hemos volcado con el entierro, las reacciones de los familiares...
Si esto no es amarillismo, que baje Dios y lo vea. Pero, ¿qué nos ocurre?, ¿qué tiene de interesante, más allá de recoger la noticia, que un tipo que se pone delante de un toro de forma voluntaria sea corneado y resulte muerto? Pues muy bien, mala suerte. ¿Cuánta gente muere en este parís al cabo del día en accidentes laborales, en accidentes de tráfico, ahogados, electrocutados o hendidos por un rayo? ¿Qué tiene éste de especial? ¿Sólo porque se trata de los sanfermines, sólo porque hay imágenes? ¿Realmente nos importa lo que piensen los amigos o la familia de un tipo cuyo mérito ha sido jugarse la vida absurdamente delante de un toro? ¿Por qué no hacer lo mismo con todos y cada uno de los que resultan muertos por caerse de un andamio o por ser atropellados por un conductor borracho o porque un kamikaze se ha empotrado contra ellos mientras circulaban tranquilamente por la autopista?
No lo entiendo. No sé que hago en esta profesión. Porque lo he comentado y mis compañeros me han mirado raro. Pero no sólo somos nosotros, los periodistas, porque, que levante la mano quien no consuma carnaza. ¿Quién no ha visto el vídeo?
¿Y todavía nos extraña el mundo en que vivimos? No, si luego será la Play Station la que genere violencia en los niños. Tócate los cojones.
Pero no, no nos hemos contentado con eso. También le hemos dedicado páginas interiores y, un día después, nos hemos volcado con el entierro, las reacciones de los familiares...
Si esto no es amarillismo, que baje Dios y lo vea. Pero, ¿qué nos ocurre?, ¿qué tiene de interesante, más allá de recoger la noticia, que un tipo que se pone delante de un toro de forma voluntaria sea corneado y resulte muerto? Pues muy bien, mala suerte. ¿Cuánta gente muere en este parís al cabo del día en accidentes laborales, en accidentes de tráfico, ahogados, electrocutados o hendidos por un rayo? ¿Qué tiene éste de especial? ¿Sólo porque se trata de los sanfermines, sólo porque hay imágenes? ¿Realmente nos importa lo que piensen los amigos o la familia de un tipo cuyo mérito ha sido jugarse la vida absurdamente delante de un toro? ¿Por qué no hacer lo mismo con todos y cada uno de los que resultan muertos por caerse de un andamio o por ser atropellados por un conductor borracho o porque un kamikaze se ha empotrado contra ellos mientras circulaban tranquilamente por la autopista?
No lo entiendo. No sé que hago en esta profesión. Porque lo he comentado y mis compañeros me han mirado raro. Pero no sólo somos nosotros, los periodistas, porque, que levante la mano quien no consuma carnaza. ¿Quién no ha visto el vídeo?
¿Y todavía nos extraña el mundo en que vivimos? No, si luego será la Play Station la que genere violencia en los niños. Tócate los cojones.
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