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viernes, 11 de junio de 2010

Community manager, experto en social media... ¿Es que ya nadie quiere ser simplemente periodista?

Vaya por adelante que me apasiona Internet y todo el potencial que ofrece a los periodistas. Sin embargo, de un tiempo a esta parte, no dejan de asombrarme la cantidad de profesiones que, supuestamente relacionadas con el mundo de la comunicación, han ido apareciendo, como la de community manager y otras muchas. A mí me parece una gran oportunidad que el gremio periodístico tenga ahora muchas más salidas que hace sólo una década, sin embargo, reconozco que me preocupa que estas nuevas tareas sean un síntoma de una grave enfermedad que desde hace años afecta al sector.
Me explico. Trabajar para Internet, para las redes sociales -o Social Media Manager, que queda genial-, ser director de Comunicación 2.0, blogger o cualquiera de estas nuevas nomenclaturas está muy bien, pero, ¿no se está perdiendo la verdadera esencial del periodismo?, ¿todas estas nuevas profesiones, no conllevan estar todo el día en un despacho, delante de un ordenador, o, como mucho, haciendo las veces de relaciones públicos?
A lo que voy, ¿es que ya nadie quiere ser periodista de verdad, de los de toda la vida, de los de salir a la calle, buscar noticias, escarbar mierda, rastrear, cotillear, husmear, esperar, desesperar...?, ¿es que ahora la gente, cuando estudia Periodismo en la Universidad, entra con la idea de ser Community Manager o de ser un reportero en un diario?, ¿qué nos está pasando?
Acepto la excusa de que hay que trabajar de lo que sea. Perfecto. Hay que comer. Acepto que alguien de más de 40 ó 50 años aspire a descansar sus ajados huesos en un sillón lo que le queda de profesión hasta que se jubile, pero, ¿qué se puede esperar de alguien que ha estudiado Periodismo y aspira a ser responsable de las redes sociales de su periódico?
No sé, quizás sólo sea un viejuno de 41 -pareado-, pero sigo viendo Internet como una herramienta, como un medio, pero no como un fin en sí mismo. Y es que, en mis tiempos, todo el que entraba en la Facultad de Periodismo aspiraba a ser reportero, corresponsal o cosas por el estilo, independientemente de en lo que haya acabado cada uno.
¿Es que ya nadie quiere ser simplemente periodista?

domingo, 13 de septiembre de 2009

Calidad frente a cantidad

"La noticia como género será menos habitual y habrá más reporterismo"


A estas alturas, ya nadie duda de que detrás de la grave situación que vive la Prensa no está sólo la crisis, sino que hay un cambio de modelo, una ruptura respecto de los esquemas clásicos. Sin embargo, de esta situación ya parecen haberse dado cuenta en la mayoría de los países de nuestro entorno -aunque no en España-, donde se están dando pasos para tratar de dar con la clave, no sólo de la supervivencia, sino del nuevo modelo de periodismo impreso.
El debate está ahí y, en muchos casos, se llevan años buscando soluciones. ¿Cómo convivir con Internet?, ¿pasa la solución por aunar esfuerzos con las web o por competir con ellas? Lo que parece claro es que tratar de luchar contra los diarios online haciendo lo mismo, es una batalla perdida. Por eso, la clave es el vañor añadido, “la valeur ajoutée” que dirían nuestros vecinos franceses, que iniciaron este debate hace años y que, acertadas o no, vienen, desde hace años, tomando medidas para seguir ahí.
La pasada semana, “Le Monde” publicaba un artículo que ponía el acento en que los periódicos impresos deben basar su futuro en la diferenciación con los digitales. “En el caso de Internet, un diario no sigue la actualidad, la hace”, asegura Laurent Joffrin, director del también diario francés “Liberation”. “Nuestro única oportunidad de sobrevivir es reforzar los fundamentos de nuestro oficio: encuestas, profundización, buscar ángulos a las informaciones que no se encuentren en otros lugares...”. Otra de las claves de los nuevos diarios en papel será “la selección de las noticias y su jerarquización”, explica Joffrin, cuyo periódico ha acometido un profundo cambio para adaptarse a estos principios.
El concepto de selección y jerarquización abre otro debate: ¿cantidad o calidad? Hasta hace unos años, los periódicos impresos eran los únicos que podían recoger en sus páginas gran cantidad de noticias que en otros medios se quedaban fuera. Sin embargo, ahora, con Internet, esa guerra no sólo está perdida, sino que es absurda. Entonces, ¿para qué obsesionarnos con tratar de incluir en unas pocas páginas un montón de pequeñas noticias, la Bolsa, la cartelera...? La clave, según los franceses, es la selección, apostar por un tema y abordarlo en profundidad -dos o tres páginas- con gráficos, fotografías, opiniones...
Esta opción es también la elegida por otro de los grandes periódicos franceses, “Le Figaro”, que el próximo 21 de septiembre pondrá en la calle su nuevo aspecto, en el que las claves son “la valeur ajoutée” y la selección de las informaciones, lo que supondrá entre un cinco y un diez por ciento menos de contenido redaccional. Según Etienne Mougeotte, director de redacción, se trata de jerarquizar, de hacer “una distinción entre lo esencial y lo accesorio”.
En esta misma línea se expresaba recientemente Alfonso Sánchez-Tabernero, profesor en la Facultad de Comunicación de la Universidad de Navarra y uno de los principales expertos de empresas periodísticas de nuestro país, que aseguraba que tenía claro que “los datos, los hechos, las cotizaciones de bolsa, lo que puedo buscar en Google no tiene interés. Sí lo tiene el análisis, la interpretación, la opinión, la creatividad, la anticipación. Por eso creo que la prensa va a estar más basada en el talento que en la cantidad. La noticia como género será menos habitual y habrá más reporterismo”.
Por eso, no deja de extrañar que en nuestro país, se siga apostando aún por la cantidad -bien es acierto que no siempre en detrimento de la calidad- y para ello basta comparar la paginación de nuestros periódicos y la de los principales diarios europeos que, salvo excepciones hechas como los suplementos dominicales, rara vez van más allá de 64 páginas. Y es que el papel también cuesta dinero. Mucho dinero, con el que se podría pagar a más y mejores periodistas.

jueves, 2 de julio de 2009

Objetividad y politización en los medios

Hace ya algún tiempo, un amigo me preguntó, con la mejor de las intenciones pero desde la ingenuidad más absoluta, si creía posible la objetividad en los medios de comunicación. La verdad es que no me lo pensé más que un par de segundos y le contesté que no, que no creía ni en la de los medios ni en la de los periodistas y que, de hecho, ni siquiera creía en la objetividad como tal, al menos en su sentido kantiano de validez universal.
Me ha venido esta vieja conversación a la memoria tras comprobar la apasionante discusión que ha generado un vídeo en el que se hablaba de este tema, colgado en el perfil de Facebook del director de marketingdirecto.com, Javier Piedrahita. Y todo venía porque el director de un diario nacional reconocía que los medios están muy politizados. ¡Pues vaya descubrimiento!
Evidentemente, la politización de los medios –y la consecuente toma de partido por unas posturas u otras– es incompatible con la objetividad. Desde un punto de vista periodístico, esta premisa debería ser inaceptable, pero ¿desde cuándo periodismo y política discurren por caminos separados? De hecho, es precisamente la baza política, junto a la de los valores sociales –aborto, eutanasia, educación...– la que marca distancias entre unos medios y otros y la que, lógicamente, hace a los lectores optar por unos u otros.
¿Es acaso posible la objetividad –entendiéndola como equidistancia– ante determinados asuntos? No digo que no, pero es posible que fueran los lectores, las audiencias, las que demandarían una toma de postura. No debemos perder de vista que sería absurdo elaborar informaciones desde una supuesta imparcialidad para un público que sí es parcial, que sí mantiene una determinada postura ante la mayoría de los temas.
Pero volviendo a la politización, Piedrahita se queja de que los medios de nuestro país dan demasiadas noticias relacionadas con la política y «lo están pagando. La audiencia les da la espalda. Nada que ver con los medios alemanes que sí tienen en cuenta los intereses reales del ciudadano de hoy. Otro mundo», afirma.
No sé si es cierto que los lectores estén dando la espalda a los medios –aunque la tendencia de la difusión de la prensa es ligeramente descendente en los últimos años, creo que se debe más a otras razones–, pero sí estoy de acuerdo en que buena parte de las noticias que ofrecen los medios están muy lejos de los intereses reales de la gente.
Sin embargo, también cabe dilucidar hasta qué punto esa parte de la población cuyos gustos están lejos de las noticias políticas son compradores de periódicos. Apenas compra prensa diariamente uno de cada diez españoles –se venden poco más de cuatro millones cada día– y parte de ellos eligen uno de información deportiva. Ante esta situación, ¿se deben pensar los diarios para el conjunto de la población o sólo para aquellos que son lectores? Y, optando por esta segunda premisa, ¿pensando en todos los lectores o ajustándonos al perfil de quien elige nuestro medio? Si tenemos en cuenta que la mayoría de los compradores de periódicos lo hacen en función de la tendencia ideológica –ya sea política, ya sea de principios y valores– de cada medio, ¿qué ocurriría si de repente todos tratásemos de ser objetivos, imparciales y equidistantes?, ¿No podría, eso sí, alejar a los lectores de los periódicos? Es más, ¿estaría alguien dispuesto a pagar 1,10 euros por un periódico realmente objetivo y encontrarse noticias contrarias a su manera de pensar, a sus valores, a sus principios, a sus convicciones? Yo creo que, mal que nos pese a muchos, la respuesta es no.

jueves, 25 de junio de 2009

Bye, bye, locutores estrella

Malos tiempos para los periodistas estrella. Suyo fue, hasta hace no mucho, el mundo de la comunicación, especialmente en la radio. Sin embargo, el ciclo, afortunadamente, llega a su fin. Primero fueron José María García y Encarna Sánchez. De la última etapa, el primero en irse diluyendo fue Luis del Olmo, que tras abandonar Onda Cero, se marchó a la radio de Vocento para pasar completamente inadvertido; le siguió los pasos Iñaki Gabilondo, el gran triunfador que, tras haber llegado a lo más alto en la SER decidió cambiar de aires y marcharse a Cuatro, donde le siguen cuatro gatos.
Ahora le llega el turno a FJL, el ínclito Losantos, que, expulsado del paraíso de la COPE, ha decidido montarse por su cuenta, cual autónomo de a pie, y crearse su propio chiringuito radiofónico. Mucho me temo que seguirá la misma suerte. Excepción hecha de las senectudes hitlerianas, sus fanáticos incondicionales, ese ejército de cruzados dispuestos a cualquier cosa por su líder, me da que en su nueva etapa FJL se va hundir en el mar de la EGM. Por lo pronto, la mayoría de su equipo, excepción hecho de su subdirectora, ha decidido no acompañarle en su odisea; tres cuartos de lo mismo pasa con sus colaboradores y tertulianos, que no están por la labor de rebajar su caché para irse a un proyecto incierto.
Lo que parece claro es que, en contra de lo que muchos egocéntricos periodistas creen, las audiencias no son suyas, sino de los medios. Evidentemente, arrastran seguidores, pero ningún hincha del Real Madrid seguidor de Morientes, pongamos por caso, se hizo del Mónaco o del Valencia cuando se fue a estos equipos.
Afortunadamente, la gente no está por los divismos. Cree en los proyectos, en las empresas, en unos ideales, no en las personas. Las personas pasan y las empresas quedan. Nadie es imprescindible, por mucho que enarbole la bandera de la verdad -su verdad-, la libertad -su libertad- o la integridad -su negocio-. Nadie representa valores porque los valores están muy por encima de las personas que hablan en su nombre, llenándoseles la boca de grandes palabras. Cada uno es fiel, única y exclusivamente, a si mismo y a FJL, como a todos los demás, les interesa, fundamentalmente, tener más oyentes que el resto para que su programa ingreso más dinero por publicidad y, así, enriquecerse un poco más. Ni más ni menos.
Por tanto, si el poderoso turolense cree que será capaz de llevarse a todos sus oyentes -que tampoco eran tantos, recordémoslo, pues era el tercero del ránking de la mañana, con 1.381.000 oyentes según la última oleada del EGM, a mucha distancia de Herrera en Onda Cero y a años luz de Francino en la SER-, va da dado. Y si no, al tiempo.